martes 22 de diciembre de 2009

Obsesión

Sucede que un día me desperté con tu imagen en mi cabeza, me atacó de manera profunda, se expandió en mi mente y, se apoderó de mí. No pasaba un segundo en que no estuviera allí, a veces, de manera protagónica; otras, compartiendo el pensamiento con algunas ideas, con otras imágenes; a veces tan pequeñita, pero siempre presente. Fue tan de repente, un zarpazo que no esperaba, un sinsentido. Ahí estaban tus ojos pequeños y oscuros parpadeando lentamente, tus labios delgados, tus pómulos salientes.
¿Cuántas veces quise deshacerme de ti? Miré letras sobre el papel que me ayudaran a construir otra imagen en mi mente, miré piezas en un par de museos, las copas de los árboles más extraños, luces multicolor en los escenarios, gestos sin destino...
Recuerdo que cuando era niña miraba fijamente al sol, intentaba no parpadear y sentir mis ojos llenándose de agua y luego el correr, primero abrupto, después lento como un rastro, de las lágrimas calientes sobre mis mejillas. Recuerdo que cuando realizaba ese rito con el sol, mi mente se ponía en blanco. Claro que cuando era niña no me había infectado la idea de que mirar al sol me causaría algún daño, me quemaría la retina o, algo así. Hoy lo sabía, por lo menos lo creía, por lo menos, la idea estaba en mi mente.
Ya me hace demasiado daño pensarte a cada instante, pero me da un poco de miedo mirar al sol. Empiezan a recorrerme los nervios preguntas absurdas ¿mi imagen también estará en tu mente, o llegaste así, sin más, a instalarte en mí sin dejarme entrar en ti? ¿tendría algún sentido que tú también me pensaras? ¿serviría de algo? ¿mitigaría esta obsesión? Creo que no, si acaso me haría sentir menos estúpida, pero nada más.
Hoy haré la prueba. Llevo dos horas en la playa. Generalmente el sollozo del mar me provocaba un estado extraño, entre dicha y nostalgia. Demasiado ego, sólo pienso en mí cuando estoy frente al mar, pero hoy no. Hoy estás tú entre el mar y yo. Supongo que el efecto del sol sobre mis pupilas y, por consiguiente, sobre mi mente será radical en este sitio, o sea, no puede impactar igual el sol de la ciudad que el sol de la playa, aunque sea el mismo, en un punto es diferente, y es ese punto el que me propongo mirar.
¿Por qué me cuesta tanto trabajo mirarlo? ¿será que en el fondo te quiero en mi cabeza? No me decido, miro la arena cuando es abrazada por las olas y abandonada al instante, y vuelta a abrazar. Si por lo menos fueras como las olas, que me acariciaras un instante y un instante te marcharas, quizá en el instante en que no estuvieras podría pensar en algo que no fueras tú. O quizá cuando te fueras pensaría en tu regreso o en la caricia recién recibida ¿qué se yo?
Sé que un día amanecí así, tal como he estado los últimos días y ya no sé más. Ni siquiera las certezas de infancia, esas que uno se construye cuando se da cuenta de que el mundo es demasiado cruel, esas que permanecen, incólumnes y que son en el fondo el sentido más puro de la creación, esas que nos convierten en inmortales, en dioses magníficos, gigantes. Ni siquiera esas certezas hoy se atreven a materializarse.
Dejé de ver la arena, mis ojos dejaron de posarse en el ir y venir de las olas. Me adentro en el mar, en su inmensidad limitada por un horizonte, enmarcada por el perímetro que alcanza mi mirada. Ahí está el sol, su reflejo, el sol. Finalmente, somos los que somos sólo en un reflejo. Si yo no te viera ¿que serías? Si no te vieras en el mar ¿estarías seguro de existir? Ese es el punto en que el sol de la ciudad y el sol en la playa son diferentes ¿qué va del reflejo sobre el asfalto o sobre un edificio de espejos al reflejo en el agua, en la inmensidad marina? El sol real es el que está aquí y no el que veo día a día.
Me consuela un poco saber que este sol es más poderoso. Lo veo sobre el mar, hiere mis pupilas con la intensidad de su brillo, mis ojos se están llenando de agua salada como el agua de mar. Estoy lista para verlo directamente, sólo es cuestión de elevar un poco mi mirada para olvidarme al fin de ti, para borrarte de mi mente y quedarme con el brillo de la luz. Ahí estamos, frente a frente, retándonos, invitándonos al encuentro de nuestros seres, de nuestros miedos y obsesiones. Mis ojos se llenan de agua salada como el mar, debo evitar parpadear. Las lágrimas se escapan abruptamente de mis ojos, recorren rectas mis mejillas y se curvan para unirse en mi cuello. Ya no veo como antes, de repente todo es azul o verde o anaranjado o rosa y, en el fondo de ese brillo multicolor, están tus ojos pequeños, tus labios delgados.

martes 10 de noviembre de 2009

¿?

Hacía tanto que no sentía este hueco en mi pecho, este dolor en la garganta. A veces me parecía saber porque sucedía, hoy no tengo ni idea. Sólo son unas ganas gigantescas de llorar. Una insatisfacción generalizada. ¿Con quién soy? ¿con lo que hago? ¿con lo que he dejado de hacer?
La vida avanza y cada paso se alarga más en el tiempo y los límites parecen estrecharse. Una habitación con sonidos huecos, con paredes amenazantes. Estoy en donde no me encuentro ¿cuánto tiempo llevo así? ¿acaso el tiempo importa?
Creo que con los años cada vez me da más miedo decir lo que siento, ser quien soy, quien he dejado de ser para dar paso a esto: híbrido de inconsistencias constantes, madeja de sentimientos agonizantes.
Ya no sé si estoy demasiado sola o si las compañías no me bastan.
HAce tiempo que me miro al espejo y no miro mi reflejo. Mi otro yo ha desaparecido: si estás escondido por favor regresa. Perdona el abandono.
Abandono de lo esencial por vivir la vida diaria. Por vivir necesariamente: por vivir muriendo en estos caminos a que obliga no sé qué maldita fuerza. ¿Contra quien lucho? Camino a tientas entre senderos vacíos, entre caminos sin principio ni fin, sin arriba o abajo, sin un mínimo espacio que mis manos puedan tocar para darse una idea, para tejer una esperanza.
Unas manos sin materia aprietan mi garganta. Me cuesta trabajo respirar. ¿Llanto? no, no lo es. Es una respuesta fisiológica al estrangulamiento, simplemente eso, nada más.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Para no leerse

Extraño tu sabor a sangre de medio día
tu aroma de luna cansada.
Esta noche mi piel te siente a la distancia,
el frío juega a estremecerla
sin embargo,
ambos sabemos que eres tú
deseándome desde la trinchera que se ha vuelto tu vida.
Nos tocamos entre sueños
susurrando madrugadas de incompletud
escribiendo palabras que iluminan la habitación nocturna
conjugando soledades
que se acompañan de la nada.

martes 20 de octubre de 2009

Volar

Tener alas y todo lo que conlleva: no pertenecer a ningún lado.

No, no salí del huevo. Lo que podría llamarse mi existencia tuvo lugar primero en un lugar cálido, húmedo: tu vientre y lo que conlleva...

La protección, en búsqueda de eso.
Sólo en el principio y en el final resguardada ¿para qué buscarla ahora? Aqui es tiempo de guerra, no hay refugio, no hay madriguera no hay tiempo de pensar en el origen, ya esta escrito: supervivencia.

Llamarte hogar fue sólo una débil regresión de mi parte. Haces bien en actuar así. No hay porque tener culpa. El problema es mio, casi siempre ha sido mio o eso he creido: ¿qué más da?, no seras tú quien me haga tener certeza, de eso estoy segura.

Terrible ha sido tratar de romper éste narcisismo, reconocerte y reconocerme ante ti, cubrirme y andar a ciegas, aventarme sin dirección. Tropezar y olvidarme del dolor, acumularlo hasta vaciarme, rasguñar el ideal, reptar sobre el romanticismo...

Detenerme y sentirme igual...

viernes 2 de octubre de 2009

Mensaje

Ya era mucho tiempo discutiendo. Afuera llovía como nunca lo había hecho desde que nací. Miraba hacia el piso, ya no podía decir nada, ya no tenía ganas de mirarla, mucho menos de escuchar sus palabras hirientes, su llanto entrecortado.
Me daba miedo salir, no sólo por la lluvia, sobre todo por el miedo a su reacción.
-MÍRAME
Estaba sentada en el borde de la cama con los ojos fijos en mis pies que lucían borrosos. Tardé mucho en reaccionar mientras ella seguía gritando, me daba miedo mirarla. Después de varios minutos, moví la cabeza muy lento hasta que mis ojos se toparon con su rostro. El rímel negro escurría por sus mejillas, sus labios temblaban. Estaba a medio vestir, tan sólo con una minifalda roja y unas medias negras. En ese momento quise tomarla por la cintura, callarla con mis besos, sentir sus pezones en el dorso de mi mano, decirle que la amaba tanto.
-Deja de mirarme así desgraciada, para de fingir que me amas.
-Te amo.
Una vez más rompió en llanto.
-¿Por qué no te largas de una vez y me dejas en paz para siempre?- gritó mientras manoteaba y se dejaba caer de rodillas en la alfombra.
Pudo ser muy fácil largarme en ese momento, aprovechar sus palabras, pero sabía que no, no sería nada fácil. Tenía tantas ganas de abrazarla y sin embargo, sabía que sería cruel hacerlo.
Esa tarde llegué del trabajo empapada. Abrí la puerta y, en el sillón estaba Ariadna con el dedo anular de la mano izquierda acariciando su clítoris. La mano derecha se deslizaba sobre la media de su larga pierna. El afilado tacón se clavaba en el sillón cada vez que ella gemía. Me miró fijamente.
-Te estaba esperando cariño- dijo entrecortadamente.
-Eres bellísima, no creo merecer estar contigo.
Su rostro era esa expresión de placer, mezcla de sufrimiento y felicidad.
-Por favor bésame- dijo mientras se mordía la mano, era casi una súplica.
Estúpidamente seguía ahí, parada junto a la puerta, escurriéndo el piso, moría de ganas por besarla, pero el espectáculo visual era tan excitante, que quise mirarla un poco más.
-Estoy empapada, te voy a mojar si te beso en este instante
-No creo que puedas mojarme más- dijo con una sonrisa maliciosa.
Me quité los zapatos y el vestido. Mi piel brillaba al tiempo que se estremecía por el frío y el placer. Caminé lentamente hacia ella que seguía acariciándose. Sentí el agua escurriendo por mi espalda al tiempo que observé la húmedad de Ariadna, semitendida en el sillón con una minifalda roja que ya más bien parecía cinturón y una blusa a tono por la que se transparentaba su pecho. Mi cara quedó frente a la suya, dejé mi bolso a su lado y mi mano derecha no pudo resistirse al encaje de sus medias. Desabotoné su blusa y mordí suavemente sus pechos. Quise besarla, pero ella lamió mis labios y sujeto mi cabello mojado con fuerza.
-Quiero que me la mames, ¿no te das cuenta que ya estoy bien caliente?
Hubiera podido decirle que simplemente quería besarla porque la amo, porque adoro la sensación de sus labios delgados en mi lengua...
Su sabor me enloquece. La besé pausadamente, mordisquee sus labios, lamí su clitoris, succioné su humedad. Mis manos apretaban sus nalgas con fuerza, la arañaban, volvían a apretarla, mientras lamía más profundo. Gritó y su grito fue ahogado por un gemido que terminó siendo suspiro.
Sus manos comenzaron a acariciar mi cabello.
-Hey, algo está vibrando por aquí, es un mensaje de Karina.
Palidecí de inmediato. Su voz tomó un matiz diferente, se convirtió en llanto.

domingo 13 de septiembre de 2009

Abrázame

No necesito que me escuches amigo, hoy no me preguntes qué me tiene así. Hoy no me hagas ver en qué estoy mal: no me tranquilizará saberlo.
Sólo quiero que me abraces y me digas que me ves, que no soy una sombra, que de verdad puedes sentir lo que sale de dentro de mi, que puedes ver cómo cuelgan mis vísceras. Lo sé, sé que dijiste que si seguía así tarde o temprano ésto sucedería. Tu también lo sabías porque ahora sólo callas y no has insistido en enterarte.
Amigo: sujétame por favor, sigue guardando silencio y quedate hasta el final, no dejes que sienta miedo por favor (aunque justo parte de eso me tiene así). Abrázame y déjame caer pero no lo hagas conmigo. Sólo quédate, como cuando somos cómplices en las travesuras, como cuando hablamos con las miradas (aunque ya no suela ocurrir)como cuando nos mojábamos bajo la lluvia.
Sí, también lo sé. Sé que dejé pasar el tiempo y tú me dejaste hacerlo, sé que no debería decirtelo, pero también sé que no pasa nada porque lo diga. Sé que corrí y trataste de quedarte: de ver cómo lo hacía y sentirte orgulloso de mí. Sé que te cansaste de ver que no regresará de aquel lugar, pero no fuiste por mí y por días lo deseaba demasiado. Fué mi decisión: nada tenías qué hacer.
Dejé de ver cómo me esperabas...
Estoy de regreso, tambaleante, decepcionada, agotada y sucia.
El mundo sigue igual pero sé también que aquí sigues para que lo podamos cambiar.

domingo 16 de agosto de 2009

APOLOGÍA DE UN SENTIMIENTO

:
Un mar de sentimientos arremolinados surcan mi ser. Es difícil definir cuál prepondera sobre los otros por que están así, en un remolino, desmembrados de sí mismos y unidos a los otros conformando un híbrido a punto de estallar y de regarse salpicando la habitación. Voy llegando de charlar con el mar y escribo en mi cuaderno rojo (aunque ahora lo transcribo a teclado para que lo leas en un monitor, o para que lo imprimas, lo leas y lo rompas, no sé...) Sentí las caricias de la espuma en mis piernas, lo caprichoso de la arena en mis plantas, pero sobre todo, el susurro del escondite de la serpiente...
En estos días me has regalado y tal vez sin quererlo, algunos de los momentos más impactantes de mi vida ¿por qué? por el simple hecho de sentirte cerca, de olerte, de mirarte, de sentir tu respiración mientras dormías; por sentir los latidos de tu corazón en mi oreja a la par que observaba lapiel de tu abdomen; por sentir el surco de tu pecho y saborear tu intimidad. Me enloqueces. Estando junto a ti me pierdo, dejo de ser quien soy. Y... ¿quién soy? no lo sé de cierto, pero por lo menos creo que no me llevo mal con el pensamiento; sin embargo, ante tu presencia dejo de pensar, sólo siento, quizá en exceso...
Estos días, me has regalado el extrañamiento de mí misma.
Me pierdo en tus aromas y me siento terriblemente enamorada, perdidamente apasionada, no sé si te das cuenta de todo lo que provocas. Tres veces nos hemos visto, tres veces en que hemos hecho el amor (en mi caso, creo que más bien el amor me ha hecho como diría Cortázar) y en esas tres veces he vivido las sensaciones más extravagantes de mi existencia, aún siento el palpitar entre mis piernas, como si el fantasma de tu pene se hubiese quedado atrapado dentro de mí... ¡Siento tanto a tu lado y pienso tan poco! que no me importa nada más que sentirte dentro. ¿Por qué soy tan vulnerable ante ti? es... una especie de magnetismo que provocas. Recuerdo últimamente mucho ese día en que te conocí hace como un año: sentí la atracción inevitable hasta este Caribdis que me tiene ya en el fondo de sus entrañas.
La primera vez que fui a verte, estaba terriblemente mal, extraviada en la tristeza y la incomprensión. Hacía unas semanas que había descubierto que mi pareja me era infiel, llevábamos 6 años de relación y yo lo amaba profundamente, así que cuando supe que él había estado con otra mujer ( no una, ni dos veces) se me rompió el mundo, creo que recuerdas cómo me veía. Quise estar sola muchas veces, pero su absurda culpa lo hizo estar muy cerca de mí todo el tiempo después de descubierta su acción. Lo perdoné porque lo amaba, porque jodidamente comprendía que es de humanos sentir; tanto amor me hacía sentirme irremediablemente atada a él a pesar de lo lejos que deseaba tenerle; con todo decidí luchar a su lado por aquéllo que llamábamos amor, hasta el día que...
Lo que sentí cuando me tocaste por primera vez fue una liberación, ese tacto tuyo fue como un toque mágico. Desde ese día no dejé de pensar en tus manos ¿te he dicho cuánto me gustan tus manos? Fueron como el artífice de un vuelo. Entre luchas sin sentido volví a sentir tu tacto y sentí tu cuerpo en un abrazo que me descolocó del mundo. Desde ese abrazo no dejo de pensar en ti; me brindó fortaleza y aunque no me atrevía a terminar con él (porque no sé cómo se hacen esas cosas, porqué a pesar de todo no soporto la idea de que alguien sufra por mi causa)
Dejé de amarlo y evidentemente lo notó, mis pupilas ya no denotaban nada al mirarlo, pero se aferró en su orgullo, hasta que fue imposible para mí y decidí decir basta; podía haberlo perdonado, pero no era justo estar con alguien a quien había dejado de amar.
Paralelamente a ese proceso, en mi mente estabas tú. Por eso no dejé de buscarte cuando él descubrió que tu solo nombre me cimbraba. Te arriesgué en esos días y te pido perdón por hacerlo, pero hay sensaciones que es imposible esconder, que se te salen por los poros (y cuando alguien te conoce bien, es imposible que no lo note) y aquí surge el problema del día.
Las mujeres somos terriblemente intuitivas (tal vez también los hombres, no lo sé, pero de nosotras estoy segura) Si yo supe de su infidelidad no fue por algo que lo delatara. Simplemente lo sentí. Una madrugada desperté con un hondo dolor en el pecho y supe que él estaba con alguien más; se lo pregunté y lo negó. Tuve que hacer uso de mis dotes de inspector y ¡voilà! ese vacío en mi corazón tenía nombre, apellido y cuerpo. Me da miedo que a tu esposa le pase igual.
Sé lo que es sufrir por sentirse traicionado, por amar y sentir que al otro no le ha importado tanto el amor de su pareja. Viví uno de los dolores más fuertes que he sentido y no quiero ser la causante del sufrimiento de otra mujer. Segura estoy que ha de amarte demasiado ¡me parece imposible tenerte y no amarte! y tú lo sabes, y por eso sientes nostalgia y por eso se nublan tus ojos. Sabías que en este sitio en ese momento, o debías estar solo o debías estar con ellas.
En este viaje (cósmico jajaja!) yo soy nada. Hay una realidad que demuestra la verdad de un hecho. Porque nuestra memoria y nuestros sentidos son demasiado inseguros, demasiado parciales, tal vez por eso guardo tus mensajes, para asegurarme de que son verdad, que no lo he inventado yo. Incluso puedo afirmar que muchas veces es imposible discernir hasta qué punto un hecho que creemos percibir es real y a partir de qué punto creemos lo que es. Así que para preservar la realidad como tal, necesitamos otra realidad -una reliadad colindante- que la relativice. Pero, a su vez, esta realidad colindante necesita una base para relativizarse a sí misma hay otra realidad colindante que demuestra, a su vez, que ésta es real. Y esta cadena se extiende indefinidamente dentro de nuestra conciencia y, en un cierto sentido, me atrevo a afirmar que es a través de esta sucesión, a través de la conservación de esta cadena, como adquirimos conciencia de nuestra existencia, de lo que sentimos, de nuestra realidad (creada o dada). Pero si esta cadena, casualmente so rompe, quedamos desconcertados ¿la realidad está al otro lado del eslabón roto? ¿está de este lado? Ese eslabón se rompió cuando vi tus ojos en lontananza y ahora no sé nada, quizá solo que soy nada.
Hace poco más de un mes, después de leerlo en algún sitio me apropie de una idea: 'Soy una apasionada de las causas perdidas' ¿tienes idea de cuánto me apasionas? no podía dormir y prendí la grabadora "...yo no quiero contigo ni sin ti, lo que yo quiero, muchacho de ojos tristes, es que mueras por mi. Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres, porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan, nunca mueren" y sé que este amor me terminará matando, porque no quiero que muera; porque al saberte una causa perdida, creo que te amo cada instante más, pero estoy en la penumbra y no ubico a que lado del eslabón de mi cadena de realidades me encuentro.
Una noche estaba pensando cómo decirte algunas cosas que escribo aquí (respecto a mi temor a lastimar a alguien que no lo merece) cuando me llegó un mensaje '¿sabes que te amo?' me derretí y volví a romper mi cadena de certezas. Otra noche desperté pensando en ti, soñe contigo, me despertó un palpitar en mi entrepierna y sentí lo terrible que es amanecer sin las huellas de tu piel en mi piel, pensé que era posible que algún día despertara junto a ti, imaginé que algún día sucedería (y ya ha pasado dos veces... una de dicha, otra de incompletud) ¿cuál es la realidad real y cuál la colindante? Sé que aquí no es así, que hoy no, y duele afrontarlo. Sé que tal vez nunca. Que esa magia que siento a tu lado sea una dulce ficción alimentada por mi soledad.
Sin embargo y con todo, como soy un digno homenaje a la mujer: a pesar de mis certezas y culpas creadas, sé que en el momento en que te escuche, lea, huela o mire, mi voluntad se hará pequeña. Por eso te digo que aquí estoy. Que comprendo si no vuelves a llamar y que te respetaré y admiraré por eso. Pero aquí estoy por si algún día deseas verme: que mis labios son para tus besos y mi piel para tus manos.
Sé que probablemente decidas ya no verme, lo entiendo y lo acepto. Disfuta y construye tu vida en familia, también es algo que anhelo admirar de ti.
Desde un cuarto plagado de aromas y sensaciones delirantes...

jueves 9 de julio de 2009

Long time ago...

Hace tiempo que hemos dejado de orbitar juntos.
Hace tiempo que sólo espero la colisión inevitable que me haga cambiar mi rumbo, para dejar de interponernos en nuestras trayectorias.
Hace tiempo que he dejado de pensarte cuando observo la luna, hace un tiempo ya que el llanto se atora entre desahogos y esperanzas rotas.
Hoy hace un tiempo ya que no me emociona tu visita y que he dejado de observar los astros en tus ojos. Hace tanto tiempo, que pareciera que ha sido solo un paisaje onirico e incluso fantasmal: repleto de fantasias y temores; espiralizado en el ser.
No le temo a tu odio ya desde hace tiempo. Temo por el olvido en el que me he convertido. Temo por el abandono tal, donde mi esencia se pudre en nada. Porque hace tiempo que nada nos queda ya.

jueves 25 de junio de 2009

Memorias de una tanga

Llevaba varios días arrumbada en el cajón. A decir verdad, extrañaba esas noches de sudor y movimiento en que me besaban los labios de Liliana y me llenaban de su cálida humedad, en que su sonrisa embriaga mi existencia... sin embargo, un día hace ya varias semanas, ella se alejó de mi. Cada mañana, cuando se abría el cajón esperaba ansiosamente que sus manos me tomaran con firmeza para deslizarme por su piernas desequilibradas, para rozar sus rodillas temblorosas y abrazarme por unos instantes a sus muslos convulsos antes de poder besar la suavidad y tibieza de esos labios que colmaban de alegrías mis múltiples vaivenes... pero cada día era un 'hoy no', otra vez no, otro día de obscuridad en el cajón...
Comenzaba a preguntarme que día terminaría en el bote de basura, aunque ciertamente era mas importante pensar qué carambas le pasaba a Liliana últimamente para quedarse cada noche en casa sentada frente al televisor devorando helado de chocolate.
¿Estaría destinada a la obscura frialdad del cajón?
'Loco' de Los Auténticos interrumpió el silencio de las once de la mañana de ese sábado
-Estoy libre después de las siete... mmm... va que va! a las nueve entonces... me llamas cuando estés abajo porque mi timbre se descompuso jajajaja! ciao, un beso.
Un estridente grito.
Después, un par de risotadas.
La tv enmudeció.
La música se hizo escuchar a través de las bocinas plateadas de una vieja grabadora. No sólo eso, casi como un susurro múltiples gotas se estrellaban en el azulejo blanco y su voz era una sucesión de cantos, carcajadas, gritos y soliloquios... Algo me decía que ¡esta noche saldría del cajón!
... pasaron varias horas entre el baño, la exfoliación, la depilación, la crema, el perfume, el maquillaje, la plancha seguida de la secadora para asegurar un lacio perfecto; cada actividad, evidentemente, intercalada por múltiples encuentros con el espejo en los que diversas poses y miradas seductoras se apoderaban del reflejo.
Mientras tanto las dudas y la desesperación se apoderaban de mí ¿para qué demonios se hacía tanta cosa si yo era lo más importante? ¡las poses debía practicarlas conmigo! sumado a esto me intrigaba quién había llamado, digo, para saber qué esperar.
Hay unos tipos a los que en definitiva les importo un centavo: ni siquiera me miran, me jalonean con desesperación cuando no estoy lo suficientemente mojada, están muy interesados en deshacerse de mí lo antes posible... son unos patanes! esos me chocan, me cae que convivo más con la sonrisa maldita de Liliana cuando disfruta a solas de mi compañía (bueno, cuando disfrutaba porque últimamente...)
Otros me dan bastante risa, ¡de ésa! mezcla de felicidad y burla... me besan, me acarician, intentan robar su aroma embriagante a través mío, pero sin atreverse a hacerlo por completo... pero llega un momento en el que, cuando podrían sumergirse en ella para olfatearla y emborracharse con su placer, prefieren olerme a mí, ¡?¡?¡?¡?¡?¿!¿!¿! me encanta pero me desconcierta, aunque, pensándolo bien... mmm... ciertamente su aroma en mí es diferente que su aroma en ella... creo que, los besos secretos entre nosotras se materializan en un aroma diferente que a ellos, los enamoradizos, los enamora aún más.
Algunos...
Aaaaa! oh! oh! oh! aaaaaa! el cajón se está abriendo, silencio, Liliana va a empezar con su soliloquio deliberador... ¡Perfecto! me ha tomado con su mano izquierda y a un compañero (o sea, un bikini) con la derecha
-¿Tanga ó bikini?
Ahí estamos, frente al espejo... La verdad, la verdad, luce mejor conmigo.
Bingo! 'Loco' ha sonado, o sea que el susodicho está abajo y yo estoy más que puesta mientras bikini se ha quedado en el sillón.
-Holaaa... dame un par de minutos
Bendita suerte porque la balanza apuntaba a bikini! Se puso el vestido en un instante, coqueteó por última vez con el espejo y, precisión de precisiones, en dos minutos estaba abajo abrazando a un tipo que jamás había escuchado en mi vida. ¡Noche de sorpresa!
No voy a entrar en detalle sobre los chistes en la mesa del restaurant, sobre la infinidad de veces que le dijo lo bella que lucía ni sobre el sudor nervioso que... bueno, ustedes saben.
Lo bueno, lo bueno, lo bueno comenzó en el auto.
-¿Sabes? tengo muchas ganas de besarte
Liliana se quedó pasmada, evidentemente era lo que había esperado toda la noche pero, ¡bahhh!
-¿si?
Afortunadamente Arturo notó su nerviosismo y decidió relajarla al regalarle un beso que: ó... debió ser muy bueno ó... de plano a ésta le urgía un beso por que de inmediato ¡me empapó la condenada!
Después de una ardua sesión de besos multicolor... imagino que Arturo la miró fijamente antes de pronunciar...
-¿Quieres dormir conmigo esta noche?
¡Queeeeé si no he pasado días y días de sufrimiento y abandono en un cajón pa' dormir... bueno, bueno, está bien, parece un tipo respetuoso, mmm, espero que no demasiado
-No sé- dicho de manera gritona, desesperada, nerviosa, angustiosa y emocionada
¡Caray, caray! qué le pasa a esta muchachita?
-Prometo portarme bien
-¿O sea?
-No te ataré a la cama
-Pero si vamos a dormir ¿no tendrías porqué atarme?
¡Eso! hasta que estás regresando m'ija... aunque estaba que se la llevaba el nerviosismo, estaba ¡temblando la nena!
No continuaré con el diálogo pre-cama en el auto porque acá entre nos, me da bastante huevita.
... Lo único que alcancé a ver fue el piso de madera antes de sentir sus manos tocándome a través del vestido que me acariciaban sutilmente (bueno, a Liliana, pero de paso a mi, denme chance, es mi noche!)
De repente pude verlo todo (es decir, el vestido voló) sus manos eran suaves y morenas, su pantalón verde oliva...
su piel (es decir, el pantalón y la camisa también volaron) denotaba emoción. Sus manos me tocaban como nunca me habían tocado, me acariciaba, me jaloneaban pero suave, juguetonamente... de repente, su nariz me rozó, su lengua me besó, sus dientes nos mordisquearon...
En la madre, en la madre, en la madre... ¡qué forma de regresar!
... Cuando creí que era el momento de despedirme, de salir volando y caer por ahí: en el piso, en la cama, en un sillón, junto al espejo... su mano derecha simplemente me hizo a un lado por la entrepierna ¡en la re-madre!
... por primera vez estuve ahí, no en cualquier lugar olvidada ¡no! Ahí, sintiendo su roce, la humedad combinada, el ir y venir, el palpitar inaudito...

sábado 20 de junio de 2009

Lo de hoy

"Los amorosos callan" desaparece de mi cabeza y mi sentir. Ahora ronda más "yo no lo sé de cierto...", solo necesito "Paz"; hace tiempo que no lo he sentido, talvez estoy exagerando, si... me gusta hacerlo.
Y entre pensamientos absurdos de lo que aun me es incompresible hoy me place nefastear: hoy no puedo ser quien te haga sentir bien, hoy no quiero ver una pelìcula y dejar de sentir la podredumbre de lo cotidiano, hoy quiero cuestionarme sin hallar respuestas, hoy no me interesa que pienses que todo va estar bien, hoy quiero pensar en lo trágico del nacimiento y la dulzura del morir.
Si te preguntas por qué, no pretendas que sea yo la que encuentre la respuesta. Han sido los acontecimientos, el destino, yo, tu, la nada, el vacio, mi soledad, mi imprudencia, la nostalgìa, incluso hasta la lluvia.
Poco tiene que ver contigo pero sigues siendo una pieza en este tablero de ajedrez, no te quedes ni te vayas, no te quejes de la contradicciòn: vivo y muero tambièn.

lunes 15 de junio de 2009

Estás aquí, por primera vez entre mis labios. Irrumpiste decididamente entre las revoluciones de mi cabeza. Te posaste por sorpresa en mi piel arrancándome del letargo de añejas melancolías. Estás aquí, en el aroma de tus secretos que ha penetrado mis poros. En la dulzura de tus labios que desatan la euforia contenida... El desgarro de la piel dormida.

sábado 9 de mayo de 2009

Las 2 y diez

Una débil luz entraba por aquélla pequeña ventana que dibujaba una pálida luna en el medio de la noche. Atravesada por la noche, una pequeña ventana era penetrada por una débil luz que se posaba en el medio de un cuerpo femenino desnudo: una curiosa forma de comunicación entre un ombligo y... ¿otro ombligo? Arlén miraba como su abdomen subía y bajaba espasmódicamente mientras imaginaba una charla entre su ombligo y la luna; una carcajada inundó la habitación y Arlén pasó sus uñas por su abdomen espasmódico que al momento se convirtió en un erizo. Le gustó esa sensación que mostraba un abdomen con puntos de luz y puntos de sombra que se movían al ritmo de sus carcajadas.
Unos kilómetros al este un haz paralelo de luz lunar iluminaba una piel desnuda restregada contra el suelo en el medio de un callejón. La piel reflejaba puntos de luz y puntos de sombra que se movían al ritmo de un estertor.
En el pequeño cuarto tenuemente iluminado, un par de golpes secos en la puerta interrumpió ese momento sagrado de risas, sensaciones y recuerdos.
-¿Arlén? soy yo Sergio ¿estás ahí?
Se hizo una con el silencio. Tenía más ganas de seguir ilusionada a solas que de compartir la realidad con alguien. Escuchó el tono de su celular y llevó las manos a su rostro mientras resopló. Evidentemente no contestaría y delataría su renuencia a abrir la puerta.
-¿Arlén? ¿no estás o no quieres estar? me parece imposible que hayas olvidado tu teléfono...
Cerró los ojos y comenzó a respirar profundamente. Mordió una uña de su mano izquierda y recorrió su labio inferior con ella. Se levantó del suelo y caminó de puntas hacia la puerta, observó, ya no estaba. ¡No estaba! corrió hacia la ventana y tomó su teléfono
-¿Sergio? vi tu llamada ¿qué pasó?
-Acabo de marcarte y el teléfono sonó en tu casa ¿porqué no quisiste abrirme?
-Estaba un poco adormilada ¿qué pasó?
-Voy para allá, apenas voy saliendo del edificio ¿piensas abrirme?
-Bobo
¿Eso era un sí o un no? Sergio miró con desgano las escaleras ¿cómo le diría lo que acababa de ocurrir?
Arlén estaba a un lado de la puerta, sus nalgas descansaban en la fría pared, el índice izquierdo bailoteaba en su entrepierna mientras su mano derecha se jaloneba el cabello.
Cuando Sergio se dispuso a tocar notó que la puerta estaba entreabierta, la empujó. El cuarto apenas estaba iluminado por la tenue luz lunar que entraba por la ventana. No la vio. Una respiración entrecortada en su oído izquierdo le hizo virar la cabeza. Ahí estaba ella, sobre su piel reflejos de luna y sudor, sus labios entreabiertos y húmedos dibujaban una sonrisa extraviada.
-Perdona, no sabía que... estabas ocupada
Sin parar de reír caminó hacia él con una expresión pícara
-Espera, Arlén, tengo algo importante que decir...
Metió su lengua entre la frase, empujándolo con su pubis, jalándole el cabello con ambas manos, caminando paso a paso con las puntas de sus pies hasta el sitio en el suelo en que minutos antes pensaba en diálogos lunares.
Ahí estaban, con la luz directa en sus cuerpos
-Espera, neces...
-Intentas hablar de nuevo y te saco a patadas ¿entiendes?
Continuó besándolo. Él se resignó. Quizá tendrían que hablar hasta que... Así que decidió mejor olvidar un poco. Finalmente...
Sin darse cuenta, sus pantalones estaban a media pierna y la cabellera azabache y espesa de Arlén estaba sumergiéndose en su región media. Bajo su cabellera se extendía la piel de su espalda y parecía que sus nalgas flotaban sobre la penumbra. La tomó de la cabeza levantándola de un movimiento. Su rostro, una expresión de placer doloroso se abalanzó sobre él tirándolo al suelo.
-¿Duele verdad?- las palabras fueron un mordisco en su cabeza aturdida
Pasaron minutos agonísticos entre caricias y sudores, entre gemidos convulsos e instantes de ternura. Antes de que sus ojos se nublaran miró en su reloj de pared: las 2 y 10... y se desplomó.
Minutos después estaba besando el pecho de Sergio que miraba al techo. Alcanzó a distinguir una lágrima corriendo por su sien.
-¿Qué pasa?
-Necesitaba decirte algo
-Pues dímelo
-No tengo el valor, vas a golpearme por dejarme llevar, por no detenerte.
-Bobo
-...
-¿Qué pasa?
-Aleyda, está hospitalizada, en un hilo de voz me dijo que quería verte...
Arlén se cambió de inmediato.
El auto iba a 180. Ella miraba a la luna... 'por favor, que esté bien' murmuraba entre sollozos. Los recuerdos se agolpaban en su cerebro, las noches que pasaron juntas, la primera vez que se besaron, el primer 'te amo' que salió de sus labios con esa voz ronca... la manera en que parpadeaba al hacer el amor.
Mordió sus dedos. Su pierna derecha se movía incesantemente. Los recuerdos llegaban y se iban uno a uno, después se amontonaban formando un collage. La luna era borrosa entre tantas lágrimas.
-Llegamos
Bajó del auto corriendo, dejando la puerta abierta.
-¿Aleyda Sánchez?
-En la cama 108
Subió las escaleras corriendo. Una puerta indicaba 106-111. Cruzó lentamente la puerta intentando ubicar el número sobre la cama.
108. Se distinguía un cuerpo encorvado bajo una sábana blanca. Arlén caminó hacia ella, tal vez le molestaba la luz. Tomó la sábana y la corrió poco a poco, primero descubrió su cabello castaño, después su frente... el frío la recorrió desde la yema de los dedos hasta lo más profundo de sus temores.
Se sobresaltó al sentir inesperadamente una mano tocando su hombro.
-Disculpe, no quise asustarla
Un hombre con anteojos y bata blanca estaba frente a ella, su expresión era de cansancio; prefirió ver el rostro de su antiguo, quizá eterno amor; corrió la sábana hasta descubrirla. Parecía dormida, profundamente, igual a como quedaba después de un orgasmo o después de llorar un largo rato.
-Mencionaba mucho un nombre, Arlén me parece ¿es usted?
Movió la cabeza afirmativamente y sus dedos rozaban la mejilla pálida y apacible.
-¿Usted se hará cargo del cuerpo?
Mismo movimiento de cabeza.
-¿Tiene mucho que murió doctor?- dijo al fin con voz entrecortada
-A las dos y diez

jueves 16 de abril de 2009

Amnesia


Tal vez lo que pasa es que estoy demasiado harto de vivir, y tal vez por eso me atrevo a decirlo hoy, a retar al recuerdo con un relato en el vacío, con un grito en el silencio...
Recuerdo esa noche, fue un 12 de junio hace dos años. La promesa que me hizo Carlos era sumamente tentadora, a pesar de lo aturdidor de su voz...

-¡Te digo que no se paga con nada hermano, es simplemente exquisito!
-Me parece excesivo el costo, es todo... No sé.
-El dinero es lo de menos Fer, créeme. Al principio estaba escéptico, incluso la sola idea por un momento me trajo mis dudas -comenzó a exaltarse -¡Desde el primer momento te transformas hermano, tu vida cobra sentido...!
-Va, va, va! Empiezo a ahorrar y... tal vez en un mes
-Es ahora o nunca. Te presto! Me vas pagando como puedas, créeme hermano, estoy preocupado por ti. Últimamente te veo tan crispado todo el tiempo, desde que Adri se fue, eres otro. Necesitas una dosis de placer extremo ¿eh?, algo que te haga olvidarla definitivamente, créeme ¿cuándo te he fallado?
Acepté a pesar del misterio. Carlos no quiso decirme nada de lo que viviría ahí -¡se rompe la mística!- decía con una sonrisa que me inquietaba... ¡reverenda mamada! pero mamada y todo, me intrigaba.
Me aseguró que no se trataba de una experiencia gay (por más que Lucio diga que no hay placer más supremo, me cae que no me imagino metiéndole la verga a un cabrón ¡ni madres! y menos que me la meta!) Me aseguró que eran mujeres, hermosas, la personificación de la belleza... En fin, algo había de eso.
La cita estaba pactada para el 18 de junio a las 7:00 p.m. y cada minuto que me alejaba de ese instante me parecía eterno y angustioso.
Sonó el despertador a las 6 de la mañana del día esperado y en mi mente tan sólo aparecía la carátula de mi reloj marcando las siete. El día en el estudio fue agotador, no lograba concentrarme en un solo diseño, mis manos sudaban excesivamente y no dejaba de mover inquietamente mi pierna derecha. Definitivamente, era un 'manojo de nervios' como decía mi abuela. Mh, qué puntada recordar ahora a la vieja!
Estaba ahí: Andalucía 534, la casa era enorme aunque visiblemente vieja, las paredes grises y un portón enorme de color negro. Toqué el timbre y escuché un sonido hueco. Dije 'Fedra' tal como me lo había indicado Carlos, al momento sonó un timbre que me anunciaba que mi siguiente movimiento decidiría si entrar ahí o huir y olvidarme de toda esa locura. Entré. Nunca había visto un contraste tan extremo, por fuera parecía la casa de una anciana amargada, por dentro un vulgar y típico prostíbulo, y no es que alguna vez pisara alguno, simplemente, así los imaginaba. No había patio, sino que la puerta daba directamente a un recibidor con una alfombra roja, algunas fotografías de desnudos en las paredes y frente a mi, un poco hacia mi izquierda, una mujer bellamente ataviada y sonriente que de inmediato captó toda mi atención. Su cuerpo esbelto se dibujaba tenuemente bajo una tela blanca, traslúcida, ceñida bajo el pecho. El corte imperio resaltaba sus senos con los pezones predominantemente erectos, contraste de dureza y suavidad. La tela llegaba justo debajo de su pubis y sus largas piernas terminaban en unos pies pequeños y descalzos, volví a su pecho y vi sus brazos delgados y fuertes, sus hombros redondos. Subí por su cuello largo rodeado por una cabellera ondulada y castaña que enmarcaba, un poco más arriba, un rostro... el rostro mas hermoso que había visto, sus ojos eran grandes, su nariz pequeña, su frente amplia, su boca carnosa, sus pómulos soberbios. Estaba como en trance desde el momento mismo en que la había visto, en que su aroma había penetrado hasta hacerme sentir escalofríos. No olía a perfume, ni siquiera a limpio, más bien era un olor ácido, penetrante, húmedo...
-¿Traes tu comprobante?- preguntó con voz pausada
-¿Fedra?
Sonrío maliciosamente y me miró como quién mira a un niño desvalido y angustiado
-No, Alysia -dijo mientras meneaba suavemente su cabeza- ¿Traes tu comprobante?
Extendí el baucher por cincuenta mil pesos sin dejar de mirarla, con ganas de poseerla en ese instante, supongo que debió haberlo adivinado porque acercó sus labios hacia los míos.Sentí su aliento cálido...
-No soy la indicada para ti. Camina por el corredor y entra en la tercera puerta de la izquierda, Fedra te estará esperando.
-Gracias- dije entre exitado y consternado

-¿Es tu primera vez aquí?

Asentí
Se acercó y lamió mis labios delicadamente, de comisura a comisura. Extendió su mano con una droga -quizá te haga falta, sólo para relajarte- lo tomé; ¿relajarme? me quedé pensando y di media vuelta mientras la echaba a mi boca. Caminé lentamente con la mirada fija en el piso, sin atreverme a voltear o subir la cabeza. Esa sensación era extraña, más que emocionado, estaba asustado. Aunque me quedaba claro que las mujeres ahí eran una belleza, había algo en el ambiente que no permitía respirar; el silencio abarcaba todo el espacio. Caminé lentamente pasando la primer puerta mientras la imagen de Adriana se encargó de ocupar mi cabeza. Ignoro si fue lo amargo del recuerdo, o el dulce que me entregó Alysia pero, al pasar por la segunda puerta, me sentí extraño y mis pasos se tornaron aún más pesados. Me detuve un instante, una mezcla de recuerdos y anhelos se materializaron en un fuerte mareo. Me sostuve de la pared y respiré profundo, giré mi cabeza y no había nadie a quien recurrir; respiré profundo y una sonrisa estúpida se apoderó de mi rostro. Me decidí a seguir caminando, tan sólo unos metros me separaban de la tercera puerta, del instante añorado y temido a la vez ¡Demonios! ahora mi cabeza se repartía entre Adriana, Alysia y la incertidumbre... llamada Fedra.
Había llegado, tercera puerta de la izquierda, ¿y ahora qué?, ¿tocaba o entraba así como así? Decidí lo segundo. Accedí a una habitación obscura, instintivamente tantee la pared de mi derecha y di con el interruptor de la luz al tiempo que cerraba la puerta; la luz tenue dejó ver una habitación inmensa. Todo y nada era relevante. Sólo su silueta se tornó importante.
Sigilosamente, moví mi mano derecha hacia atrás intentando dar con la perilla. La intenté girar inútilmente. Estaba cerrado. ¡Sería posible que esos desgraciados adivinaran mi reacción?
-¿Fernando? pasa por favor, no tengas miedo- su voz era terriblemente dulce -acércate
Caminé hacia ella. Estuve a punto de llorar, de gritar, quería salir corriendo de ahí. Una mezcla de temor y ansiedad invadió mi mente, paralizó mi cuerpo. Me quedé mirándola. Era terriblemente bella y sus ojos enormes, como almendras de color violeta me miraban penetrantemente. Una mirada inaudita, entre tierna y seductora. Una mirada infernal que se acercaba paso a paso hacia mi. Perdí fuerzas y caí arrodillado. El aire se hacía poco. Llevé mi mano izquierda hacia mi boca que gritaba en silencio. No pude soportarlo más y cerré los ojos; sin embargo, sentí su aroma cada vez más cerca, olía a fresco ¡a demasiada vida! Mi cabeza hizo un movimiento brusco al sentir un roce delicado en mi mejilla derecha; sus dedos eran demasiado tersos para soportarlo, mi cuerpo se estremeció por entero, sin atreverse a diferenciar entre el miedo y el placer. Mordí la mano que cubría mi boca al tiempo que sentía por entero esa pequeña mano sobre mi mejilla
-¿Porqué cierras los ojos? ¿acaso no te gusto?
¡Qué demonios pensaría! ¿Qué era normal que un hombre de mi condición estuviera con ella?

No me atrevía a mover los párpados más que para apretarlos fuertemente. Las palabras se quedaban atoradas en mi garganta. Era incapaz de articular ¿qué le diría? ¿debía decir algo? ¿cuánto tiempo me tendrían encerrado? ¿qué haría en ese tiempo?

Sus dedos rozaban ahora mis oídos de una manera lenta, delicada. Sentí su cuerpo cada vez más cerca y un beso jodidamente suave en mi frente, el tipo de beso que imaginaba de una hija hacia su padre consternado. Un beso de confianza. Abrí mis ojos y frente a mi estaba su barbilla dirigida hacia su cuello. Elevé mi mirada y me encontré con la suya. De cerca sus ojos lo abarcaban todo. En ellos podría haberme visto toda la vida, no parecían humanos. Sobre todo me impactaba su color de tintes violeta que denotaban una mirada siniestra que contrastaba con su frágil rostro. Me atreví a mirarla más allá de sus ojos.

Sin duda llegaría a ser una mujer hermosa, tal vez la más bella y estaba ahí, frente a mi, acariciándome con esa mirada perversa. Me consternaba esa mezcla de lujuria e inocencia en su rostro; su frágil cuerpo ávido de caricias. Sin duda llegaría a ser la mujer más bella, pero ahora tendría a lo sumo once años... Tal vez los suficientes para atreverse a besarme como lo hizo, recorriendo mis labios de comisura a comisura con su lengua... Sospecho que en ese momento dejé de pensar, porque nuestros labios se besaron como si se conociesen desde siempre. Sus caricias terriblemente suaves recorrían mi cuello, mis brazos... sus besos en cambio, eran ardientes, nerviosos...

Debí haber enloquecido porque mi cuerpo fue una ola de sensaciones inusitadas. Sentí que la amaba al tiempo que me desnudaba y la besaba frenéticamente; sentí que la amaba cuando la despojé de su vestido blanco y besé sus otros labios... suaves, delicados, terriblemente húmedos, malditamente deliciosos... Mi nariz recorrió el eje central de su cuerpo aspirándola toda hasta llegar otra vez a sus labios. ¡No pude contenerme más! y entré en ese cuerpo bendito, en ese cuerpo protervo... mixtura angélica e infernal, extravío de mi cordura. Fedra se movía como poseída por el placer, era evidente que su rostro acariciaba algo jamás sentido, sus movimientos, su rostro, su respiración eran expresiones de descubrmiento...

Poco antes de que nuestros cuerpos pudieran unirse en un extravío compartido, la consciencia, o tal vez la culpa me golpeó con un arranque de rabia, mi pelvis se movía a voluntad de manera precipitada y brusca; los embriagantes ojos de Fedra, a punto de trastocar la muerte se convirtieron en terror... Mis manos la golpearon... cada vez más fuerte y sus gemidos ya no podían ser de gozo. Su cuerpo se estremecía y sólo alcanzaba a musitar -ya, ya, ya- era una exigencia, tal vez un suplicio que anhelaba consumar la agónica perpetrada entre nuestros cuerpos. Grité desde el fondo de mi alma -yaaaaaa- al momento que mi puño izquierdo descargó el golpe final.

Son curiosas las reacciones del cuerpo, mientras ella moría mi semen se derramó en su interior.

Mientras su cuerpo perdía la tibieza recordé algo que alguna vez leí ¿Porqué causa placer la violencia hacia el cuerpo infantil? El autor de ese libro sobre erotismo supone que la causa de tanto placer es la posibilidad de manchar lo blanco, de liquidar la pureza y, ¿qué más puro, qué más frágil que el cuerpo de una niña? ¿qué mas placentero que sentir la agonía de un ser indefenso entre los propios brazos? ¿qué más exquisito que calmarlo con las propias manos?...

¡Pinche Carlos! No me falló, desde ese instante dejé de pensar en Adriana.


sábado 11 de abril de 2009

Estaba escrito

Lo supe desde la primera que la vi.
Algo se movió en mi interior.
Fue hace 5 años y fue un contacto visual efímero en la estación Copilco, estábamos frente a frente en los asientos rígidos y azules y las dos sosteníamos un libro. No me atrevo a decir qué me llamó primero la atención ¿sus ojos o el libro? ... en realidad fueron primero sus ojos azabaches, pero me pareció muy curioso que leyera En los labios del agua y más curioso aún que fuera en la página 32. Cuando miré sus ojos fue el momento justo en el que mis manos pasaban las hojas de mi libro hacia la página 32, y mis ojos se liberaban por un momento precisamente de En los labios del agua para mirar la estación en la que iba pero antes de llegar al panel de estaciones me topé con sus ojos y su libro en la página 32. Ignoro si mi mirada fue muy penetrante pero abandonó la lectura y al levantar su rostro, sus ojos se toparon con los míos. Imagino que también vio el libro porque emitió una sonrisa abierta que contagió mis labios. Un beeep nos interrumpió. Las puertas se abrieron. Se levantó abruptamente y alcanzó a salir justo antes de que las puertas se cerraran. Yo me quedé atontada y sentada con el brazo extendido y una voz que nunca se atrevió a salir, no sé porqué.
Desde ese día aparece en mis sueños y sus labios emiten una voz nunca escuchada, pero que estoy segura es su voz susurrando en mi oído izquierdo.
Hoy es jueves y volveré a pasar por Copilco a las once. Por un tiempo lo hice cada semana, en el mismo vagón y nada. Sospeché entonces que no iba a la universidad, si fuera así tendría que topármela, entonces fui cambiando de vagón y cada que no la encontraba me atormentaba pensando que esta vez si estaría en el primer vagón. Entonces decidí que la esperaría afuera, finalmente eran menos salidas que vagones. Tampoco la encontré... entonces comencé a soñarla más y más.
Hoy es jueves y volveré a pasar por Copilco a las once. Ahora lo hago esporádicamente, pero invariablemente la tercer semana del mes en que me decido a encontrarla, porque fue el tercer jueves de un octubre cuando la vi por primera vez. Por única vez.
A ratos se me antoja deshacerme de esta obsesión. He intentado, por todos los medios racionales hacerme a la idea de que tal vez nunca la vuelva a ver, que tal vez murió, o estaba de vacaciones y jamás subirá de nuevo al metro, entonces, cuando estoy a punto de lograrlo, llega la noche y el susurro en mi oído izquierdo... esta vez, no sólo fue su aliento. Sentí su saliva.
Se me ocurrió cargar de nuevo con el libro, calculando los dos minutos por estación y empezando a leer en la página 7 llegaría a la 32 en Copilco, era el tercer jueves de octubre. No podía fallar.
Falló.
Decidí ponerle nombre: Fénix. Esos ojos azabaches y esa cabellera alborotada y crespa que simula fuego sólo podrían ser de una Fénix.
Esta noche su aliento se atrevió a superar mi oído izquierdo. Su saliva recorrió lentamente mi cuello y por vez primera sentí sus uñas, sus largas uñas rasgando mis pezones. Abrí mis ojos con la certeza de ver su cabellera sobre mi cuerpo. Mh! Tal parece que estoy destinada a sentirla sólo al cerrar los ojos.
Hoy es jueves y voy en el metro, esta vez sobre asientos verdes, lo cuál no me entusiasma demasiado. Pero anoche tuve una revelación, así que viajaré con los ojos cerrados, como si estuviera dormida y al sentirla abriré los ojos y la llamaré por su nombre.
Una mano suave tocó mi hombro y mi corazón se agitó bruscamente, intenté abrir los ojos muy, muy lentamente, alcancé a divisar una silueta borrosa entre mis párpados entreabiertos y mordí mi labio inferior del lado izquierdo dispuesta a abrir completamente mis ojos cuando una voz -Estamos por llegar a Universidad- fue un frío frustrante recorriendo mi espalda, no era su voz. Ni siquiera abrí los ojos que comenzaban a nublarse más y más por las lágrimas -Gracias- alcancé a decir entrecortadamente.
Es el tercer martes de enero y estoy en la librería. Llevó dos días sin soñarla. Tal vez me cansé de soñarla. Me siento como si estuviera de luto. ¡Qué ridícula puedo ser a veces! Es sólo que de repente fue tan mágico imaginar que alguien igual a mi, que leía las mismas letras que yo en el mismo instante, en el mismo espacio, con los mismos ojos podía amarme, ¿narcisismo o soledad? ¡ambos tan iguales! Entre los libros me llama la atención un título Dos Iguales, qué ironía. Lo tomé y me cautivó la portada: dos pares de piernas entrelazadas, piernas femeninas esbeltas y agotadas...
Pasé a la caja 3 y extendí el libro. No sé que vi primero, esas uñas magenta o el libro que estaban a mi lado, creo que fueron las uñas magenta acariciando las piernas de la portada del libro. Supongo que su mirada fue muy penetrante porque cuando levanté mi rostro vi esa sonrisa inaudita contagiando mis labios.

miércoles 25 de marzo de 2009

TERESA

Éste es un texto que escribí por primera vez en marzo de 2007, posteriormente cuando 'abrí' este blog. Hoy he decidido publicarlo cada marzo en honor a una mujer que me enseñó qué, a pesar del dolor que pueda causar, vale la pena vivir el amor.
Ella lo vivió y murió por la intensidad que le causó.
No escribo algo 'nuevo' porque estoy trabajando en una novela sobre su vida.
He de confesar que me está costando mucho trabajo, es una empresa en realidad difícil, como difícil es capturar las escenas de su vida que me dejó para escribirlas...
Desde el más acá: Te amo
Tendida sobre un colchón incómodo y sucio, con el cuerpo desnudo temblando de frío y los ojos molestos por la luz que entra de una pequeña ventana... sólo alcanza a percibir humo desparramado sobre su cabeza. El lugar en el que se encuentra no resulta familiar, no alcanza a recordar lo que ha sucedido. Poco a poco abre los ojos. A lo lejos se escucha música de los bunkers, que le recuerda a Teresa el motivo de su estancia en ese cuarto desde cuya pared frontal la observan los ojos de Depp. El disco se ha repetido alrededor de 40 veces desde que se encuentra ahí. Intenta incorporarse '...mira lo que vino a ser mi vida, una calle sucia y sin salida...' las piernas le tiemblan lo suficiente para hacerla desistir de su absurdo intento. Finalmente, lo que busca es la necesidad de no volverse a levantar... un líquido fétido le calienta la entrepierna, esa sensación de calor acariciando su clítoris y sus muslos entre tanto frío viene a ser casi orgásmico, la risa se apodera de su existencia absurda... El sonido electrónico de su celular viene a moverla de su trance
-hola?... por lo que alcanzo a distinguir estoy en mi cuarto... no, estoy sola... francamente no tengo ganas de verte... ... está bien, te llamo cuando esté lista.
Era Pedro, fiel a les partouzes, le gustaba penetrar a una mujer previamente eyaculada, contrario a les partouzes lo hacía a solas con su compañera, y casi nunca conocía al propietario del semen que le recibía en la caverna de su compañera, eternamente Teresa en estos casos.
-Héctor?... sabes? acabo de mearme, y cómo se cuánto te late el olor de mis miados, me gustaría compartirlo contigo ¿puedes venir?... ok, hazme un favor, tráeme algo de comer, no lo he hecho en 2 días... francamente no tengo ganas de pararme a recibir a un repartidor, ¿me puedes hacer ese favor?... sabes dónde está la llave, te espero en mi cuarto-
Teresa tenía múltiples amantes con una sola consigna, 'te vienes y te vas' quien no lo aceptara simplemente no valía la pena para ella dado que odiaba las charlas y las caricias post-cogida. Previamente, soportaba lo que fuera, pero no aguantaba más de 3 minutos con un hombre con el que acabara de coger.
La puerta se abrió de repente y un olor a pizza inundó la habitación, que previamente olía tan sólo a humo y a miados fermentados
-No mames cabrón, me dijiste que acababas de orinar
-desde luego, pero eso fue cuando te llamé, tardaste mucho
- tu pinche comida no se hace en un par de minutos
-no te preocupes, todavía está húmedo, ven y prueba, pero antes pásame la pizza y la cerveza, para poder mear más.
Ella dejaba su vello lo suficientemente largo para mantener la humedad de sus amantes, cuando éstos se iban, le gustaba acariciarse el vello y probar el sabor de su saliva, de sus miados, de sus lágrimas, de su sudor, de su semen, que en combinación con sus fluidos, le proporcionaban un manjar exquisitamente soez. Héctor se acercó casi con ternura y la besó en la frente, era un hombre apacible, jamás demasiado apresurado, le puso una rebanada en su mano y la dirigió hacia su boca, después del primer bocado, él le dio un trago a la cerveza y le dio de beber con su boca. Sabía que su mano no tendría la fuerza ni la coordinación necesaria para sostener la botella; uno, dos, cinco tragos más, un par de bocados más, y consideró que ya podía comer por sí misma.
Comenzó a respirar profundo, a aspirar ese aroma que le enloquecía, besó los senos pequeños de Teresa y comenzó a mamarlos un poco mientras ella seguía ocupada comiendo y bebiendo para sentir el mínimo de excitación. La lengua audaz pasó fúricamente hasta la entrepierna más deliciosa que jamás hubiese probado, alternando entre mamar y olfatear se le iba la vida a un hombre dulcemente enamorado de la mujer más vil que hubiese conocido; ella lo orinó y el bebió frenéticamente ese líquido maldito.
-Méteme la verga- ordenó ella. Los momentos en que la vida cobraba algún sentido para ésta mujer eran devorando vergas, generalmente le daba igual si las tragaba con la boca ó con la vagina ó con el ano, sin embargo en ese momento era necesario que fuera por su caverna, por que Pedro llegaría... ¡Pedro! se había olvidado por completo de él, así que mientras Héctor se movía delirantemente en su interior, Teresa escribía un SMS: en 20 minutos puedes llegar.
-Dime que me amas
-y si no te amo ¿por qué tengo que decírtelo?
-por favor
-está bien, amo tu verga
-y a mí?
-a ti no
-no seas cabrón Teresa, sólo déjame escucharlo una vez
-lo siento wey, pero no miento
... El único pedo con Héctor era que siempre se ponía cursi, sin embargo tenía la verga más gruesa y enérgica, podía tomar un ritmo rudísimo que generalmente la dejaba adolorida por 2 días, y pegar tan fuerte contra su pubis que sentía deshacerse. Lo más chingón, era que duraba y duraba, no como los otros pendejos que apenas le aceleran un poco, que apenas le dan fuerte y eyaculan. Sin embargo toda la energía de este cabrón no era suficiente para lidiar con la habilidad de Teresa para lograr que un hombre rozara la muerte. Si alguien la aburría demasiado, o si Pedro estaba a punto de llegar (lo cuál era el caso) simplemente contraía implacable su vagina y comenzaba a sentir la contracción de la verga agonizante...
Quería abrazarla, decirle que la amaba, que no le importaba que llevara una existencia de mierda... a cambio se vistió y se fue mientras veía a Teresa devorando otra rebanada.
Pedro llegó a los 3 minutos de que Héctor abandonó ese asqueroso departamento
-Me caga verte, así que haz lo tuyo y lárgate
-A mi no me vas a hablar como le hablas a tu bola de pendejos desgraciada, si no lo sabes, soy la única persona que te acepta como eres, que puede soportar estar entre la inmundicia de tus emociones, si estoy contigo es porque tú me quieres aquí, por que no encuentras a alguien que te coja tan rico como yo...
Teresa lo mira fijamente a los ojos mientras prende un cigarro, a ratos nos es posible soportar su sepulcral mirada, su cuerpo tranquilo "Ya va empezar este wey de filántropo, si supieras pendejo que no le llegas ni a la planta del pie a la única persona que amo, si supieras que no coges la mitad de rico de lo que él lo hacía, que jamás serás capaz de sentir lo que es hacer el amor, y mientras estarás jodido, tan jodido como yo, no eres más que yo, eres la misma mierda carente de amor, por eso estamos juntos, para recordarnos lo repugnantes que somos"
A pesar de eso, Teresa tenía un peculiar apego por este hombre despreciable, verlos coger era un verdadero espectáculo, era el claro ejemplo del contraste, sobre todo por la diferencia anatómica. Ella sentía una satisfacción inaudita cuando la aplastaba con su enorme cuerpo, se sentía asfixiada. Por la diferencia de tamaños, su rostro generalmente quedaba debajo de aquél pecho empapado, a ratos bajo su axila, y esta situación la hacía sentir invariablemente despreciable, puesto que el olor a su sudor le provocaba nauseas. Así que mientras él la penetraba, ella arqueaba y ese singular movimiento, le imprimía un doble placer a su clítoris, al tiempo que le contraía la vagina mientras la verga se movía a placer. A ratos él levantaba el torso como una lagartija, y el sudor que corría por su rostro y resbalaba por su barbilla, caía en los ojos de Teresa provocando un llanto simulado.
Pedro la penetraba sin más, sin caricias previas, sin mamársela, lo único que le urgía era sentir la leche del cabrón anterior. Invariablemente ella sentía dolor, ardor. La cogía en el momento justo en que el semen (en este caso de Héctor) comenzaba a secarse en su entrada, era fricción, era forzado, era casi como sentirse violada. Un extra a esa sensación de ultraje era que a Pedro se le paraba la verga de manera peculiar. Generalmente no parecía lo suficientemente erecta, por lo cuál le costaba más trabajo entrar... el camino ya de por sí imposibilitado y pegajoso, se volvía doblemente tortuoso por esta verga entre flácida y erecta.

martes 10 de marzo de 2009

Geografías

Me encontraba en mi sillón rojo dibujando tu silueta mientras dormías. Estabas acostado, rendido. Tu pierna izquierda sobresalía de la sábana gris y tu enorme pie colgaba... dibujé tu talón y las líneas de tus pies que parecían un mapa. Me recordaron aquél viaje a Oaxaca ¿recuerdas lo imbécil que soy para leer mapas? ¿recuerdas como creía que llegaría al mercado 20 de noviembre por unas tlayudas y en realidad me dirigía a la iglesia Santo Domigo? ¡menudo alimento con el cuerpo de cristo me iba a jampar! jajajaja! en fin, por más que intentabas orientarme preferí darte el mapa y tomar tu mano, dejarme guiar...
Volví a tu pie, a intentar descifrar el mapa de tu ser. Han sido tantos años sin verte.
Bajé del sillón y dejé el cuadernillo en el buró. Te miré todo. La fuerza de tu espalda, el mapa de tu pie.
Me acerqué a olerte, ese olor tuyo me enloquece. Restregué mi nariz en tu arco y una contracción en tu pierna interrumpió mi extasis...
¿Me dejarás tocarte? Esta noche el azar te trajo a mi. Tuviste un problema muy cerca de aquí, no querías volver a casa. Después de tanto tiempo me llamaste para apoyarte y, aquí estoy. Sin atreverme a tocarte, regresando a mi sillón rojo a mirarte y dibujarte mientras duermes.


La mente de Elsa volvió a aquéllas playas del pacífico. En Zipol fue cuando conoció a Alex. Ella intentaba escapar de un recuerdo doloroso, él... nunca lo supo, pero estaba ahí, en ese atardecer rojizo y melancólico cuando ella lloraba de tanto ver el reflejo del sol en el mar.
-Hola! quieres una cerveza para ahogar tus penas?
Sonrío -La verdad es que preferiría unas quecas
Extendió su brazo y le ayudo a incorporarse
-Alejandro, pero si quieres puedes llamarme Alex
-Gracias Alex, soy Elsa y... puedes llamarme como quieras
-Ok guapa, vamos por unas quecas con chela
Resulta que ambos estaban solos, ella llevaba ahí un par de días. Él una semana y partiría mañana para Mazunte.
-Yo quiero una de hongos con queso y una negra modelo por favor
-Igual para mi... y dime Elsa ¿qué haces por acá? ¿porqué llorabas?
-No lloraba, simplemente el reflejo del sol en el mar, miré demasiado tiempo
-En tus ojos había mucho más que sólo lagrimas
Comieron y bebieron, al parecer Elsa no tenía mucha experiencia bebiendo, pues con apenas un par de cervezas, alternaban las carcajadas y las lágrimas en su rostro.
-La verdad es que no tengo mucho dinero, para serte franca, pensaba mañana volver pal DeFeque, jajajaja! sólo me queda el pasaje y lo que pagaré esta noche por el cuarto
-Estoy solo guapa, ven esta noche conmigo, por alguna extraña razón tengo cuatro camas en mi cuarto y estoy solo, ocupa una de ellas si quieres. Por lo demás, reitero mi invitación a Mazunte ¿qué dices?
Caminaron juntos entre la arena y la noche. Sacaron la mochila de Elsa de su cuarto, estaba sobre el colchón manchado con toda la ropa regada, ella se apresuró a meter todas las cosas ahí
-Espero que no seas un demente- Las carcajadas volvieron a apoderarse de ella, mientras él esbozo una ligera sonrisa, cargó la mochila y la abrazó.
El resto es historia. Un mes vagando por Oaxaca. Charlas interminables y besos multicolor al terminar las charlas. Un poco de cerveza y un poco de comida. Y más charlas y más besos. Y mapas que la perdían. Y paisajes hermosos que le llenaban los ojos y le borraban las lágrimas...
Se despidieron en una estación del metro. Él insistía en llevarla a casa pero, ya instalada en su asfalto, las lágrimas volvieron a sus ojos
-Hazme un favor ¿sí? imagina que en este momento nos conocemos. Olvida lo que pasó... Gracias por todo pero, creo que lo amo y tengo que buscarlo, averiguar qué pasó, averiguar si me ama. Aquí tienes mi teléfono por si necesitas algo, no dudes en llamarme
Alex se quedó mirándola sin decir nada un largo tiempo mientras ella parecía una fábrica de lágrimas -¿estás segura?- al mirarla mover su cara afirmativamente intentó besarla para despedirse, pero ella no lo permitió. Ambos eran un mar de dudas. Ella soñando con su viejo amor, él amándola más que a nadie... Ella ingresó en el vagón sin mirar atrás mientras él se quedó mirando el reflejo de las lámparas sobre las vías.
En el sillón rojo estaba un cuaderno de hojas blancas abierto, con un dibujo y una nota "Es increíble que hoy me llamaras, van cuatro años desde que te dejé en el metro, que no fui a casa sino que toqué en la puerta de Jorge e hice el amor con él con lágrimas en los ojos y le dije que había estado con unas amigas. Cuatro años que llevo recordándote y en los que descubrí que no me ama, que tal vez yo tampoco lo amo, que me he preguntado en donde estabas..." Al terminar de leer, sus ojos voltearon hacia todos lados ¿se habría ido? aún estaba un poco mareado y decidió ir al baño. Al abrir la puerta un denso vapor le sofocó la cara y adivinó su silueta borrosa. Se acercó sin hacer ruido...
Sentí tu respiración en mi oreja y tus manos tocando mis senos mojados, intenté voltear pero no me dejaste, tu cabeza detuvo a la mía mientras tus manos acariciaban lentamente mi vientre, a ratos rozaban mis pezones, a ratos el vello entre mis piernas. Tu respiración en mi oreja derecha y el sonido del agua en mi cabeza me hacían sentir entre dormida y despierta. Sujetaste mi pecho fuertemente con tu mano izquierda, como si temieras que me alejara; mordisqueabas mi cuello y acariciabas mis nalgas con la mano derecha provocando un palpitar inaudito en mi entrepierna. Tu mano derecha se deslizó de mis nalgas hacia mi pubis, a la par que entraste suavemente en mi vagina desquiciada
Fue casi un susurro en mi oreja
-Estuve sentado mirando el reflejo del sol en la mar

sábado 7 de marzo de 2009

Querido Diario! o tal vez, Confesiones

Creo que sólo una vez intenté tener un diario ( y me metió en muchos problemas) y no pretendo hacer de este texto uno, sobre todo porque no escribo diario, por lo menos no aquí. Han sucedido tantas cosas que, de alguna manera me daba miedo acercarme a este espacio efímero, tal vez la sospecha de que los pocos lectores se han alejado, tal vez la necesidad de saber que lo que aquí escriba no tendrá eco. Mi vida ha dado tantas vueltas, de repente parece que ya las he vivido, de repente que me harta repetirlas, en otros escenarios, finalmente las mismas chingaderas, lo peor es que a veces ni siquiera los nombres cambian. De repente parece que el tiempo se suspendió en un denso dolor, que no permite respirar. No ese dolor que a ratos se goza, que te mueve el mundo y provoca nuevas miradas, sino un dolor más hondo, que llega hasta los huesos, que los penetra y sigue machacando. Ni siquiera se si tengo miedo, ni siquiera si una parte de mi ha muerto o si sólo está en un profundo sueño. Tal vez yace en un abismo marino, frío, obscuro, rodeado inexplicablemente de todo y nada. Recordando la intriga del Ecce Homo ¿cómo se llega a ser el que se es? ¿cómo he llegado a esto que soy? un recuento aquí sería vulnerarme demasiado. Sólo llego a entender en estos momentos que una escena que llegó a causar lo que consideré la dicha máxima se convirtió en el dolor profundo y hoy, simplemente, después de ser tanto, tanta belleza y tanto sufrimiento, deviene desabrido. Estar sin sabor, hasta el momento es el aspecto más jodido en mi vida. Aunque no acostumbro formular preguntas de este tipo ni encontrar fórmulas para vivir ¿cómo se recupera el sabor cuándo se ha perdido la lengua?

domingo 4 de enero de 2009

Polvo estelar

Miro al cielo plagado de estrellas buscando un agujero negro que las absorba una a una, recuerdo que mi nombre significa estrella y quisiera estar suspendida, quizá bailoteando entre mis hermanas, que se dirijen una a una (siendo millones a la vez) a ese sitio sin retorno: quizá el origen, quizá la destrucción, quizá la fusión de nuestros anhelos... tener la capacidad molécular para estar en un agujero negro, tener la consistencia de la saliva y sentirme sublime: volverme nada, ser todo... ser polvo estelar tras el estallido de mis temores. Respiro profundo, comienzo a sentir la tracción, la fuerza que me impulsa a la destrucción: el principio de toda posibilidad. Respiro profundo mientras me acerco, imagino un segundo nacimiento, quizá ese agujero sea una vagina del universo y quizá me lleve a un mundo menos atroz que el de la vida. Respiro profundo y siento que mi cuerpo se ensancha, mis ojos se vuelven gigantescos y alcanzan a ver lo que la miopía nunca permitió. Comienza el desmembramiento, me vuelvo mil, he dejado de ser yo. Soy polvo de estrellas.

jueves 4 de diciembre de 2008

Gélido

En este momento recreo aquella fantasìa: donde poco a poco van congelándose todas y cada una de mis células, empezando por la neuronas.
Hasta volverme una roca, una escultura pàlida: la expresión de lo inmutable... lo infinito... lo que queda y se añeja hasta perderse en el espiral de los olvidos, sin esperanza ni pretención.
Sin nombre ni historias y sin espacio par inventarlas. Sin origen y en tal posiciòn que la luz no pueda ser capaz de crear mi sombra.
Ni un solo opuesto ni contraparte, ligera y simple hasta perderme en nada.
Sin que se detenga el congelamiento interno y lentamente haga estallar el espacio.

sábado 20 de septiembre de 2008

Ayeres

Llegaron como a las once. La noche era fría y al bajar del auto, ella se repegó a su torso en busca de un poco de calor mientras él extendía su brazo izquierdo y la rodeaba por la cintura. Le pareció curiosa la manera en la que temblaba, pues el frío no era insoportable.

-¿Estás bien?
-Un poco nerviosa, son muchos años sin vernos, mmm, no sé...- Ana contestó con los labios castañeteando, con los ojos perdidos entre los recuerdos.
-Tranquila! sigues tan hermosa como en esas fotos de la secundaria. Que tengan miedo las demás!- y la carcajada de Ernesto fue tan estrepitosa que por un momento le arrancó una sonrisa a Ana.
-Es ahí- dijo ella mientras resoplaba sus ansias.

Era una puerta blanca y había una manta que decía 'Secundaria 85' ¡Bienvenidos! Así. Sin más. Al parecer los organizadores no se habían esmerado con suficiencia pero Ana no lo notó. Mientras caminaba no podía apartar la vista del cerrojo de la puerta...

-No manches Ana, es bien pinche tarde, tenemos 4 horas para terminar el trabajo ¿no que llegabas a las 6?
-Jijoles! perdón Vane, me quedé bien jetona. Pero no te azotes, me desvelé adelantando el trabajo, en una hora máximo terminamos.
Le guiñó el ojo y las dos sonrieron




Ana se detuvo antes de bajar el pie derecho de la banqueta. Levantó la cara y miró a Ernesto, su boca estuvo a punto de emitir una palabra que se ahogó en un suspiro, su mirada comenzó a nublarse


-¿Qué pasa chiquita? tranquila, dime ¿hay algo que deba saber? o es el miedo de sentirte más vieja? jajajaja-





Estaban sentadas en la cama de Vanessa revisando el trabajo, estaba casi listo


-Pinche nana, eres la neta- Vane sonrió mientras la abrazaba


-Qué la neta ni que nada ¡te toca terminarlo! préstame tu barniz plata no? digo, pa' no aburrirme en lo que chambeas, jajajaja!


Un almohadazo se acomodó en la cabeza de Ana y las carcajadas invadieron la habitación. Vane estaba 'decorando' el trabajo mientras Ana decoraba las uñas de sus pies con tanto esmero que parecía absurdo que después fuesen a quedar enterradas bajo esas calcetotas blancas y esos zapatitos negros. Al terminar con los pies siguió con las manos


-¿Sabes? creo que hoy me va a llegar Luis, me pidió que nos vieramos en el receso ¿me peinas? ¡hoy tengo que verme hermosa!


-Eres hermosa


La mirada de Vane fue contundente: ternura y pasión entremezcladas. Ana no lo notó, estaba demasiado ocupada en sus uñas pero pensó que en verdad le había quedado muy bien el trabajo para que la pinche Vane, que siempre le decía 'pinche nana' le hubiese dicho 'hermosa' y se sintió así, hermosa, quizá más hermosa que nunca...





-¿No crees que mi maquillaje es exagerado?


-¡A huevo! ya deja la vanidad caray! por un momento me estaba dabdo miedo entrar en esa casa y respirar los fantasmas de tus aventurillas de escuincla, jajajaja-


Mientras cruzaban la calle, Ernesto le dijo que no, que su maquillaje era perfecto, que se veía hermosa, que tenía tantas ganas de conocer a sus antiguos amigos... Toc, toc... la puerta se abrió y un grito de alegría rompió el silencio de la calle


-¡Piiinche naaaana! qué gusto verte goei


-No cambias cabrona


El abrazo era efusivo, apretado, gustoso. Las lagrimas no se atrevieron a salir por miedo a arruinar el maquillaje de una hora y media. Ernesto se alegró de que los temores de Ana se disiparan ante el encuentro con esa 'cabrona'. Otros gritos igual de efusivos ¡Llegó Ana! y una desbanadada de mujeres y unos cuatro hombres se acercaron y le hicieron 'bolita' luego, la abrazaron una a una, uno a uno. Ernesto estaba a unos cuatro metros que se hicieron uno cuando los hombres comenzaron a abrazar a su novia ¿cuál de esos habrá sido su novio?


Al término de la abrazadera Ana se acercó a él y les dijo a todos que se llamaba Ernesto y que era el amor de su vida. Él pensó que lo hizo para que a nadie se le ocurriera decir quién había sido su novio de adolescencia, era una pinche astuta. Ana le presentó a todos, hombres y mujeres, sin embargo, la primera fue la última: la cabrona, que se llamaba Vanessa.





Se hacía un poco tarde, así que decidieron bañarse juntas. Desnudarse no fue difícil. Lo complicado era estar dos personas en un espacio tan pequeño sin tocarse. Mientras Ana se enjabonaba Vanesa se enjuagaba

-Dame chance goei ¡me está entrando jabón al ojo!-

Ana extendió sus manos tocando la piel de su amiga sin querer. La hizo a un lado. El ardor en su ojo era insoportable... Vanessa estaba como en éxtasis, la mano jabonosa de su amiga en su piel húmeda. Verla así, desesperada y desnuda, con manchas de jabón escurrido por el agua... Por fin Ana retiró las manos de su rostro y abrió los ojos, a pesar de lo borroso de su visión y aún entre el vapor o a pesar de éste sintió un calor inaudito que no le permitió pronunciar palabra... Sintió unas caricias en su cintura y en su vientre, fue la sensación más exquisita en sus 14 años, más que un helado de chocolate mientras lloraba...no sabía que hacer, sólo sabía que no era el agua lo que acariciaba su vulva jamás tocada. No sabía si llorar, si gritar. Vane notó la conmoción en su rostro, sus ojos desorbitados, su boca entreabierta que anheló besar en ese mismo instante. Lo hizo. Introdujo dulcemente su lengua en la boca de su amiga que se movía sólo al ritmo de lo desconocido. Comenzó a llorar.
-Perdón, perdón ¿estás bien?
Ana no podía moverse, no podía articular palabra, sólo las lagrimas no dejaban de correr
-Tranquila amiga, no recuerdes nada. No ha pasado nada.

miércoles 20 de agosto de 2008

moqueando

Quizá desearía no ser humana, no tener memoria
Quizá desearía que todo fuese un sueño o por lo menos una mala broma
Arrancarme un cacho de cerebro, arrancarle un tiempo al tiempo
Convertirme en piedra...
Seguir encontrándo sólo viejos amigos
Olvidar el pasado inmediato
Convertirte en humo

jueves 17 de julio de 2008

Quimera

Es más fácil de lo que piensas.
Al paso del tiempo verás que me convertiré en un fantasma más de tu vida, así como lo es Natalia. No hay mucho que temer, tu lo sabes. Lograrás acostumbrarte a eso. Me harás presente cuando lo necesites; ésta vez recuerda no fracturar el camino a causa de mi inexistencia.
Puedo ofrecerte siempre mi voz, pero eso talvez complique un poco mi muerte. No debes preocuparte por quién pueda tener ahora mi cuerpo, sólo piensa que soy un fantasma más, y como tal, condenada a la libertad. Con alguien quizá, pero de nadie.
¿Yo? Yo misma opto por el abandono. Me entrego al juego de mis propios cadáveres.
No me preguntes si extrañaré el aroma de tu habitación, o el sabor de tu aliento. No llenes el vacio con esas ideas.
Dejemos que el andar vaya sellando las heridas, dejemos de lamernos las ajenas y hagamos lo debido con las propias.

miércoles 16 de julio de 2008

Hermanos

Estaba sentada en el sillón cuando se escuchó como giraba la llave plateada en la cerradura vieja, giró la cabeza y observó como se abría la puerta. Apareció con una sudadera roja y un pantalón de mezclilla, el cabello alborotado y húmedo. Se miraron un par de segundos, él giró a la derecha y entró a la cocina. ¿Hay algo de comer?preguntó mientras abría el refrigerador.
¿Para qué pregunta si está abriendo el refrigerador? pensaba Melisa. Fíjate. Fue lo que alcanzó a decir cuando observó que él ya se preparaba unas quesadillas. Me falta un pantalón y un perfume y tú llegas como si nada a tragar. Le dijo entre gritando y llorando.
¿Ya vas a empezar a chingar? ¡de menos déjame comer agusto! Mauricio pensaba que no se daría cuenta hasta una semana después, tenía el clóset atascado de pantalones y perfumes y seguro ese día se le ocurrió a la maníaca usar justo esos dos. Necesitaba lana hermana, luego te los repongo.
¿Porqué no te largas de una vez? ¿porqué no te armas de huevos y vas a robar a otra gente en lugar de andarme chingando a mi? si ya decidiste vivir con esa chingadera de menos hazlo lejos de casa, de menos válete de tus propios medios para conseguirla.
Por supuesto que me valgo de mis medios para chingarte hermana, pensaba él, ni modo que fuera fácil llevarme tus cosas, tengo que burlarte, jajajajaja. Su carcajada se escuchó por toda la casa.
¿De qué te ríes pendejo? Me voy a ir de etsa pinche casa y a ver cómo tragas.
¿Y en dónde vas a meter a la vieja eh?
Te la voy a dejar, para que tú te hagas cargo de ella, por tu culpa esta así ¿no? por los pinches corajes que le hacías pasar... y ni aún así tienes la decencia de cambiar, eres un asco cabrón. Un asco.
Melisa observaba como se le contraían los músculos de la cara y como aplastaba un platano con su mano izquierda. Sabía que le encabronaba sobremanera que se le echara la culpa por la parálisis de su madre. Salió de la cocina y subió corriendo las escaleras, al llegar al siguiente nivel abrió la puerta que se encontraba a su derecha, en la habitación había una cama matrimonial y una televisión de 29 pulgadas encendida frente a ésta. Sobre la cama una mujer por la que escurrían lágrimas. Él se acercó lentamente y tomó su mano derecha, la besó. Jefa, jefesita, perdóname, perdóname. Su voz era interrumpida por sollozos y la mano de su madre de inmediato estuvo húmeda de arrepentimiento. Perdóooname, perdóoooname. Aquélla mujer sin movimiento, aquélla mujer de ojos verdes sólo podía llorar un llanto silencioso mientras quizás deseara estar muerta ó, soñando.
En lugar de ponerte a chillar deberías cambiar cabrón, debiste cambiar hace mucho tiempo. ¿De qué chingados sirve que te pongas a llorar si cuándo ella lloraba por ti te valía madres? Mírala ahora mismo está lloran
Llora porque no le gusta oírnos discutir, pero tú luego luego empiezas a chingarme y me sacas de mis casillas. Llora porque le cagan nuestros gritos. Mauricio chillaba mientras manoteaba, gritaba mientras caminaba como si estuviera enjaulado.
Quizá, pero no habría necesidad de gritar, ni de reclamar, ni de que ella esté así si no fuera por tu pinche culpa, por tu necedad, por tus culeradas.

lunes 7 de julio de 2008

Monólogo contigo

Te vi llegar entre el humo del cigarro. Tu cuerpo esbelto, tu cabello largo, tus ojos de aceituna. Caminabas desenfadada, ligera. Vestías de negro y vino, esa ropa ajustada revelaba tu silueta perfecta. Tu expresión era callada. Sonreíste. De inmediato quise besar esos labios carnosos, ardientes de labial intenso y brilloso. Volteaste hacia mi. Seguramente sentiste el peso de mi mirada. Quizá desearas ver a un hombre apuesto. Me viste a mi. A mi que no deje de mirarte. A mi que con una mirada te dije que no podía dejar de mirarte. Una cortina de humo volvió más enigmático tu rostro anguloso.
-¿Hay alguién sentado contigo?
-Vengo sola
-¿Puedo?
-Por supuesto
De cerca eras aún más bella. El aroma dulzón de tu perfume opacó de inmediato el aroma a tabaco quemado. Tu trasero se movía lentamente mientras se disponía a colocarse a mi lado. Quise morderlo. Sólo lo miré sin disimulo.
-¿Vienes sola?- pregunté
-Sí
-¿Tú?
-¿Me ves con alguién?
-Puede ser que haya ido por un trago
-Por mis tragos voy yo. Si gustas puedo traerte uno.
-No, prefiero del que estás tomando.
Tomaste mi copa. Quise ser vidrio. Tus labios ardientes de labial se posaron suavemente y dieron un trago pequeño. Seguía mirándote. Levantáste las pestañas espesas para mirarme. Te miré. Nos miramos. Bajaste lentamente la copa. Tus movimientos eran tan pausados que provocaban una agitación tremenda en mi cuerpo.
-¿A qué vienes?- preguntaste después de dejar la copa en la mesita redonda
-A encontrarte
Tus ojos se abrieron sorpresivamente. Te sonrojaste. ¡Es tan absurda una mujer que se sonroja! Me encantó lo absurdo de tus mejillas. Quise morderlas.
-¿Y cómo sabías que me encontrarías?
-No lo sabía, llevo años viniéndo y sentándome aquí a fumar y a beber. A decir verdad, ya había perdido la esperanza de encontrarte.
-¿Y cómo sabes que soy yo a quién buscabas?
-Porque no puedo dejar de mirarte
Bingo! te sonrojaste una vez más. Sonreíste.
-¿Y qué harás ahora que me has encontrado?
-Lo que tú quieras
¿No pude ser más estúpida?
-¿Y si no quiero que hagas nada?
Exacto. No pude ser más estúpida
-No lo haré. Simplemente me quedaré con ganas de besarte la espalda, de recorrer tu espina dorsal con mi lengua húmeda, mientras mis manos acarician tu cintura.
Omití decir que quizá mordería tus pezones. Que arañaría tus nalgas. Que succionaría los labios de tu entrepierna hasta hacerlos sangrar. Tomé mi copa. Di un pequeño trago mientras miraba tu rostro satisfecho. Arrebataste la copa de mi mano. Bebiste el contenido de un sólo trago. Te levantaste lentamente. Me miraste. Sonreíste. Extendiste tu mano. Dijiste: ¡vámonos!

domingo 29 de junio de 2008

...

Los gritos, el llanto, la mirada perdida, la desesperación que provoca ahogar los gritos, secar el llanto, disimular la mirada.
Los secretos que no pueden contarse por ser demasiado peligrosos, que se quedan en el alma esperando que el inconsciente nunca llegue a traicionar a su incólumne consciente. Consciente trastabilleante.
No soporto esta soeldad que congela, que se aprovecha y tira por la ventana los esfuerzos de todo un día, el caer de la noche me atormenta ¿En verdad es tan grave algo tan insulso que se opaca día a día con acciones diferentes?... Uno mismo es tantos a la vez, imposible ser uno solo, incluso imposible pensarse único
No soporto ese volúmen tan alto de la tv. Ausente silencio: ¿dónde te has metido? el ruido me impide pensar, incluso me molesta al escribir. El silencio y la obscuridad se han ido, necesito nadamás que las luces del cielo nocturno, nadamás que el sonido del viento.
Los párpados me pesan, desde hace mucho ya no puedo pensar.

jueves 29 de mayo de 2008

Smile

Dulce brisa...
Noche cálida que me lleva hasta tu sonrisa.
Me pierdo.
Me atrevo!
Esta vez no importa llegar al meollo.
Sólo hasta tu sonrisa: hasta provocar la mia. Y si la tuya desaparece: ¡la mia permanece!
Porque esta noche me aferro a ella.

jueves 15 de mayo de 2008

Descifrandonos

Me despierta un mensaje tuyo: "soñé muy feo, soñé que no estabas conmigo". Aunque sigo dormida te marco para saber cómo te sientes (por lo menos para mi, las pesadillas son sumamente inquietantes, más aún que los sueños mismos).

Te escucho mal, pero no podrìa dstinguirlo: sigo envuelta en las telarañas del sueño.
Dejo de escucharte y me dejo llevar a la profundidad de la almohada. Al despertar intento recordar tu pesadilla y a la par voy recordando la mia. Me siento inquieta... Nuestros sueños fueron similares: ¿acaso son el reflejo de nuestros miedos? ¿de nuestros oscuros deseos? ¿de una realidad que nos es mostrada como profecia?
Me siento engañada y curiosa por descifrar el contenido. Me siento consternada por la casualidad pero también se me escapa una ligera risa sarcástica.
Esta vez no pude decirte "tranquilo, nada de eso ocurrirá".
Esta vez no te odie por el mal sueño.
Esta vez tu voz no me dio la tranqulidad que solia cobijarme ante mañanas frias y desoladas.
Esta vez no nos reimos de lo imposible...

viernes 11 de abril de 2008

No estoy.

Resulta que me encuentras cuando estoy bastante lejos. No soy yo, simplemente el espejo refleja mis ojos en lugar de tu mirada. Te has cansado de buscarme y ahora me encuentras entre tus vacíos. No soy yo. Son tus ganas de mi. Es deseo no consumado. ¿Que porqué no vuelvo? Es demasiado simple. Si vuelvo ya no estaré. No te darás cuenta de mi presencia. En el espejo estará tu rostro otra vez. Por eso he decidido no volver. Hay que evitar mordernos la cola.

sábado 5 de abril de 2008

ENCADENADOS

sábado 16 de febrero de 2008

MONTECARLO 1

REPÚBLICA DE URUGUAY # 69


La noche era fría y los dos se encontraban parados frente a ese viejo edificio. Habían salido hacía 20 minutos de un bar ubicado en República de Cuba # 45.
Natalia prefirió que caminaran hacia 'el eje' puesto que estaba más transitado, sin embargo, no podía evitar mirar con desconfianza a todos los hombres que caminaban a esas horas de la madrugada por las calles del centro histórico, así que en cuánto pasaban frente a alguién, ella, después de unos prudentes segundos, volteaba la mirada para asegurarse de que nadie los siguiera.
Enzo hubiese salido de aquél lugar de varieté kitsch mucho antes, sin embargo disfrutaba el juego de seducción de ella, que no dejaba de bailar moviendo sugerentemente sus caderas. Le daba un poco de risa observar su tensión caminando por la calle, asegurándose de que nadie los siguiese. Su ruta retrasaba la oportunidad de consumar sus deseos, máxime cuando se le ocurrió la maravillosa idea de pasar al 'seven eleven' ubicado en Madero esquina con el 'eje' para comprar unos chocolates y algo más para desayunar temprano.
Al salir del bar, él sugirió ir 'al Principal' ahí habían tenido un rapidín maravilloso una tarde de lluvia y el lugar le había parecido mágico, pero en viernes y a las 2:00 a.m. ya no había habitaciones, más que con baño compartido, y la idea no pareció alegrarle a ella. Enzo pensó que si seguía con sus delicadeces pasarían caminando toda la noche. Una calle más sobre Bolivar a la izquierda en República de Uruguay había un letrero: 'HOTEL'
-¿Qué opinas? se ve medio chacal ¿no crees?- preguntó Enzo
-A mi me gusta ¡además el número sesenta y nueve! supongo que la pasaremos bien-
Accedieron al vestíbulo del hotel y pidieron una habitación, El recepcionista dudó un momento, por lo que temieron no encontrar alivio
a su ansiedad, revisó un cuaderno y después de dudar un poco dijo: tengo un cuarto, pero está en la azotea

-¿Cómo en la azotea?- preguntó Enzo extrañado y pensando que ese era el 'pero' perfecto para ella.
-Sí, está en la azotea, cuenta con todos los servicios... además es mi cuarto favorito, es el mejor cuarto del hotel- seguía revisando el cuaderno -aunque, también hay una habitación doble, son dos camas individuales... el que ustedes prefieran, pero el de la azotea me gusta más-
-Y ¿porqué es el mejor?- preguntó Natalia sonriendo- ¿porque tienes vista directa a las estrellas? jajajaja- soltó una carcajada estrepitosa y le dijo sí a Enzo con un movimiento de cabeza. El recepcionista les extendió la llave, les mostró un viejo elevador - le dan al tercer piso, al salir rodean toda la azotea y al fondo está el cuarto, van siguiéndo el camino de los escalones de metal-
Se besaron profundamente en aquél viejo elevador que, a decir de la placa, databa de 1874, fue hecho en Suiza y era de la misma marca de la mayoría de las escaleras eléctricas que tapizan los centros comerciales de nuestro país: 'Schindler'
Al abrirse la puerta del elevador Natalia quedó maravillada, edificios y más azoteas en torno suyo, tinacos rotos y viejos, un curioso camino de metal con escalones sobre las tuberías, una estructura parecida a un icosaedro en el centro de la azotea
-Esto está poca madre! allá está el cuarto, ¿ya viste el caminito? ¡está genial!- Caminaron por aquélla vieja azotea tomados de la mano. Enzo no podía dejar de mirarla, su sonrisa maravillada, sus senos redondos bajo ese cuello delgado y cubierto por un escote en 'V,' su cabello brillante, completamente lacio, sus nalgas en ese pantalón beige, sus hermosos ojos enmarcados por unas pestañas que le dan en la madre a toda palabra escrita, sus labios... esos labios que le llevan del paraíso al infierno en segundos. Entretanto, mientras él estaba perdido en su belleza y ella maravillada por el lugar, llegaron a la habitación; Enzo abrió la puerta. Era un cuarto ordinario, una alfombra roja con negro, un sillón y una silla desvencijados y un tocador con un pequeño espejo en la primera parte de aquél rectángulo dividido por un par de cortinas entreabiertas color durazno que dejaban ver una cama tamaño matrimonial y un clóset viejo, el baño viejo, idéntico al de la casa de la bisabuela de ella. Cuando salió de su inspección por el baño, se quito el pantalón dejando al descubierto sus deliciosas nalgas bellamente enmarcadas por la taga favorita de él, se quitó la blusa y después el brassiere y caminó resuelta hacia la cama. ¡Perfecto! pensó él... Natalia se acostó y se tapo.
-Acuéstate conmigo que tengo mucho frío- él se recostó y ella le dió la espalda para que la abrazara por atrás, él comenzó a besarle el cuello, pero ella ya estaba dormida, la abrazó con fuerza, aspiro el aroma de su cabello y comenzó a hablar solo... hasta que el sueño y la resignación le vencieron.
Por la madrugada, Enzo sintió, entre la inmensa oscuridad, húmedad en su pene que iba despertándo a la par que su conciencia. Uñas largan arañaban suavemente su pecho y sus muslos mientras la boca audaz manejaba ese pene erguido y caliente... Enzo no sabía si abrir los ojos, lo había hecho y no podía verla, pero la posición de su cuerpo la recreaba en su mente... ella estaría con el cabello suelto, mamándosela. Sus rodillas pegadas al pecho elevándo las nalgas y moviéndolas cadenciosamente, se movía como serpiente ¡como Medusa! sus brazos eran serpientes, su lengua, sus hombros de serpiente se mecían igual que su cintura de serpiente... afortunadamente no podía verla, porque justo al momento de mirar sus ojos de víbora, era imposible contenerse... Los vio, los vio en su mente y ella comenzó a tragar mientras él gemía -ahh, mhh- la lengua se volvió más lenta, aspiraba el olor mezclado de sensualidad, saliva y semen y volvía a lamer más y m´sa suave -Disculpa que me quedara dormida- al tiempo que pronunció estas palabras, colocó su cabeza entre la ingle derecha y el abdomen, con los brazos abarcó su cintura y así, sin más, se quedó dormida una vez más, justo cuando él iba reaccionando. Intentó articular unas palabras cuando escuchó un ronquido y las palabras se volvieron carcajada...

sábado 2 de febrero de 2008

Escalofrío

Lo importante es que quiero ser dulce; pero parece que tú no me lo permites.
A decir verdad, me gustan las respuestas definitivas de tu parte. Con él no. Con él ya le he agarrado gusto a los “yo creo” y “no lo sé”. Me gusta que él deje volar mi imaginación. Pero tú no. Tú no sabes hacerlo.
No sé si no me atrevo a escapar de tu laberinto por esos escalofríos que provocas cuando estás tan dentro de mí y sin que yo pueda verte. No sé si es quizá por la manera en que respiras agitadamente detrás de mí sobre mi oído. No sé si es porque me sujetas de las caderas. Me siento atrapada por ello, debo confesártelo.
Ahora que recuerdo: el pasar cerca de los lugares que venden féretros y las funerarias también me producen un poco de calofríos muy similares a los que tú desencadenas. ¿Será acaso que tus caricias en lugar de darme vida, me van llevando a un proceso de descomposición parecido al que toda cosa inerte sufre cuando la muerte está presente, sobre ella?
Extraño es, porque no dejo de obsesionarme más con la muerte desde que te conocí, pero no por ti; es más bien por la persona que he llegado a ser producto de tu presencia solamente. Ojalá se me pueda entender porque eso es lo que pido.
Bien, pues los pelos se erizan de manera dispareja; primero los de la nuca: éstos son los que provocan el primer temblorcito corporal. Después, los pelitos de mis antebrazos, en donde dicho movimiento impredecible e instintivo logra volverse rápido, fuerte y fugaz, apenas existente. Pero no termina ahí, porque deja un halo helado sobre todo mi cuerpo.
¿Qué puede ser ésta sensación escalofriante si no, tu macabra indiferencia?
¿Qué negros trucos escondes bajo cada uno de tus dedos?
En los pueblos suelen decir que cuando un escalofrío se posa sobre ti, es porque en realidad un muerto está encima de uno… ¿eres acaso mi muerto? ¿Me he enamorado de algo estático y he sido yo la que darte vida ha?

sábado 22 de diciembre de 2007

Sueños bifurcados

¿Qué queda? ¿qué en esta noche de cansancio?
Tal vez no seré yo quien pueda abrir esa fusión que se ha creado entre nuestros cuerpos.
Estás aquí dentro, desparramado sobre mi cuerpo 30 kilos menor al tuyo.
Tu cabello acaricia mis hombros de manera permanente y sutil. Tu respiración alimenta mi oído izquierdo... No te das cuenta de nada, estás perdido entre los infiernos de tus sueños. Tan solo, sólo tú.
Me cuesta trabajo respirar y no tengo fuerzas para empujar tu cuerpo.
¿Despertarás? quizá sea hermoso morir amándote tanto, con tu rostro apacible y tu cuerpo desnudo, con tu respiración tranquila, con el eco de ese 'te amo' estremeciendo mi piel.
¿Despertarás? quizá sea horrible despertar y creer que estoy dormida, quizá sea horrible que me acaricies y no responda a la tibieza de tus manos...
Por favor
despierta
que ya no puedo más.

miércoles 12 de diciembre de 2007

SED

Ana estaba tendida sobre su sillón rojo, leyendo a Ciorán... el título de ese libro sobre el inconveniente de haber nacido, le llamó la atención en la librería y se decidió a tomarlo, aunque no sin cierto temor. Últimamente se preguntaba de manera constante si valía la pena vivir, se imaginaba que en ese texto estaría una sentencia que le diría ¡SUICÍDATE! Aunqueeee pensándolo bien, ¿porqué Ciorán no se decidió a suicidarse? segúramente no sería tan grave lo que encontraría en ese libro, si el autor lo publicó sería porque tiene alguna conveniencia el estar vivo.

Una carcajada rompió con el silencio de ese cuarto blanquísimo. Ana cerró el libro e intentó recordar esas palabras antojándolas un poco a su manera
-¡qué exquisito sería ser caníbal, no tanto por el gusto de tragar a los imbéciles, sino por el gusto de vomitarlos!
-¡Caníbal bulímico! Mh! ideal en esta época- pensó Ana, -yo ya tengo un poco de lo segundo, y me la paso tragando figuradamente gente estúpida- ...sí, seguramente no le costaría trabajo. Abrió el libro, volvió a cerrarlo
-jodidamente los momentos chingones de mi vida son cuándo chingo a alguien más ¿y ese es un sentido para mi vida? ¿descubrir que vivo para matar?, desprecio la vida de los demás, y eso me hace: ¿más miserable o más estúpida que ellos?

Dejó el libro sobre la mesa, se refundió en su sillón rojo, empezó a olerlo... olía a ella, a su sudor, a su cansancio, también olía a hastío, a tristeza... olía a sexo solitario, olía a tabaco, un poco a tequila, un poco a sueños rotos. Su vida estaba en ese sillón ¡nació para refundirse en un sillón rojo! ¿nacer para eso está mal? para descubrir que la pasa mejor ahí que en ningún sitio?

Se costó boca arriba, cerró los ojos y quiso liberarse de los olores añejados en la tela, quiso olerse más viva y metió los dedos en su garganta hasta que arqueó, olio sus dedos, chupó sus dedos. Metió sus meñique a la oreja, olio su dedo, chupó su dedo. Se pasó la mano por la axila, por el ano, por la vulva, entre los dedos, entre las ingles, los olio y los chupó. Tuvo ganas de llorar y de reír al mismo tiempo.

No hizo nada de eso. Se dirigía hacia la ventana cuando el timbre de su celular interrumpió su camino -¡Gloria que onda! ...bien- 'me caga que me pregunten ¿cómo estás? es la pinche pregunta más difícil de contestar y la mayoría se conforman con un 'bien' ó 'mal' ó 'dos, dos' sí en realidad quisieran saber como estoy no se conformarían con esa pendeja respuesta -perdón, no te entendí, bueno, estaba pensando en otra cosa ...si quieres ven a mi casa, acá platicamos-

No tardó tanto en llegar... con los ojos llorosos
-¡Puta madre Ana! ya no aguanto, ya no quiero vivir, no puedo más
-¿Qué pasa?
-¡no sé! todo chido pero no me sabe

Mientras Ana veía a su amiga llorar se le antojó lamer sus lágrimas, le chocaban esas escenas en que una mano enjuga las lágrimas de alguien aconjogado, se le hace tan absurdo... sin embargo se le estaba antojando lamerlas ¿era igual de ridículo? La invitó a sentarse en su sillón y se imaginó metiéndole los dedos por todos lados, oliéndolos y chupándolos. No dejaba de mirarla mientras lloraba y vio en su brazo una costra.
-Cuando eras niña ¿alguna vez te arrancaste una costra y la chupaste? cuando era pequeña y estaba llorando, chupar mi sangre me reanimaba, no sé, su sabor, me hacía sentir bien, ¿porqué no te arrancas esa costra y te chupas?
-¡No mames Ana! ¿cómo crees? ¿eso qué?

¡Cómo que eso qué? ella intentando ayudarla y ésta con sus prejuicios, si las recetas de la infancia son infalibles, además esa costra se veía deliciosa.
-Déjame hacerlo- Ana tomó el brazo de su amiga y le arrancó la costra con sus dientes, -¿quieres hacerlo tú o me dejas a mi? quizá tu sangre también cure mis penas-
-Jajajajaja, haz lo que quieras, no creo que cure mis penas, si a ti te ayuda, toma de mi sangre

Ana miró la sangre antes de tocarla con su lengua, miró los ojos de su amiga a fin de obtener un último signo de aprobación, una sonrisa irónica, le indicó ¡adelante! La lengua se acercó a ese brazo flacucho, a esa gota a punto de coagular, y la chupó...¡fue tan satisfactorio probar otra sangre que no fuera la propia! Succionó porque anhelaba más de ese sabor.
-Lástima que te salga tan poca sangre, empiezo a creer que vale la pena vivir, ¿puedo hacerte una rajada en el brazo?
-No
-Necesito más sangre, aún me ganan las ganas de morir
-Ya tengo una herida, justo en este momento expulsa sangre...

Una mirada de complicidad y una sonrisa tímida envolvió a ambas... Quizá por ese motivo Ciorán se decidió a publicar el libro.

miércoles 28 de noviembre de 2007

No tengo tiempo de cambiar mi vida...

Me levanto de la cama con menos ganas que ayer, algunos sueños se quedaron atrapados entre las horas nocturnas, parece que se han decidido a abandonarme. Aquí uno tiene que preocuparse por comer aunque se desmembren las ilusiones, por vivir sin vivir, vivir a ratos para los demás, a ratos para sonrisas ajenas, para satisfacciones efímeras. Robarle unos segundos a la vida para gritar entre letras el dolor que estoy sintiéndo.
Un luto por el sí mismo.
Qué más da si el mundo me admira.
Qué si te tengo a mi lado y me alimentas con tus besos ¡alimentas a un cadaver! y casualmente, hoy que estoy muerta pareces amarme más.
Es justo el suicidio a cambio de dichas ajenas?

viernes 23 de noviembre de 2007

Mientras esperaba

Me aburre ya hasta la manera en la que peleamos. Siempre el discurso es el mismo, la neurosis sigue siendo la misma.
Conforme pasan los dias me voy arraigando más a la idea de irme de aqui, de poner tierra de por medio entre nosotros.
Es tan curiosa la manera en la que te amo a distancia. No necesito más...
Pero si por el contrario nos encontramos en el mismo territorio, el sentimiento se aleja y es deformado por mis pensamientos.
Y... ¿entonces...? ¿Es aquella fantasía que me he inventado con tu ser, lo que amo? ¿Es acaso que para seguir a tu lado necesito recrearte desde oscuridades? ¿Son aquellas sombras que viven a mis espaldas las que nublan mi sentir? ¿Será que prefiero la soledad...? ¿Será que tu presencia sólo es dulce bajo el ardid de los recuerdos...?

miércoles 17 de octubre de 2007

Uno de antaño

Sigue lloviendo. Ahora no sé si me reconforta tanto como antes. Ahora no sé porque me siento enojada.
Cuando sentía ya un alivio por estar dormida, tu tristeza me despierta y se conjuga con la mía.
Por rabia, vuelvo a escupirte esos días negros y dolorosos. Por desesperación, lloró y te grito, ahora que estas, cuando no estabas.
Te cuento de aquellos días eternos dedicados sólo para ti.
Te lloró tus ausencias (Sí, es reproche).
Y en el alba, vuelvo a ser una hoja en el otoño, un caótico vaivén que flota entre palabras dulces (confusión).
¿Qué si te extraño?... extraño extrañarte…

Y luego: tú…: apareces y te entrometes en mis sentimientos.
A veces pienso que seria mejor que regreses por donde viniste… aquí no hay mucho que podamos hacer.

jueves 4 de octubre de 2007

ENHORABUENA!!

Éste es sólo un pretexto para enviarle toda la buena vibra del mundo a una mujer a la que quiero hartísimo, súper chida, más inteligente, mejor compañera, excelente amiga... además de estar ¡re chula la condenada! es una chingona como pocas, en resumen: mi orgullo pues!
Prueba de su tenacidad el día de mañana es su examen profesional.
Deseo TOMATITO que te valla chingón!!!
Te quiero harto.

lunes 17 de septiembre de 2007

Miradas que duelen

Sentada con las piernas un poco abiertas, la tanga a media pantorrila, los codos sobre los muslos y las manos empapadas cubriéndole los ojos estaba Regina.
No se atrevía a abrir los ojos, le daba demasiado miedo sentirse expuesta ante sí misma. Ya suficiente era sentir el temblor de su cuerpo, el frío en sus tobillos, sus brazos escurridos por la desilusión, su abdomen contrayéndose como si quisiera expulsar la vergüenza.
No podía dejar de recordar, no podía borrar esas escenas de su mente. Su cuerpo se movía al ritmo de su desesperación... en un arranque de ira quizá de odio hacia sí misma comenzó a jalarse el cabello mientras berreaba con todas sus fuerzas apretándo los ojos -no, no, no!!- empezó a picarse los ojos como si así fuera a borrarlo de su mente.
De súbito decidió abrir los ojos y abrir la puerta. Se incorporó y caminó resuelta hacia el espejo. Quería mirarse y vió entre nubes de llanto la rabia en su rostro y el terror en sus ojos que parecían de sapo, vio sus labios morados y su cuerpo moviéndose como disfonía maldita. La imágen era borrosa pero la emoción era evidente, aún era soportable verse así, pero odiaba verse así.
Cerraba los ojos y era insoportable no verse como quería, los abría y sólo distinguía un fantasma. Estrelló sus manos contra el lavabo y ahí, como una señal definitiva, junto a su mano izquierda... Lo tomó enérgicamente y decidió no titubear, tensó los parpados para evitar que se cerraran ante el terror. Se miró al espejo desafiante hacia sus propios ojos, no podía mirar otra cosa mas que esos ojos siniestros. La mano actuó implacable. El ojo izquierdo no se cerró ante el dolor. El espejo guardó, casi deseándo detener el tiempo, a esa mujer hermosamente fúrica con el ojo derecho ensangrentado penetrado por un peine negro.

lunes 10 de septiembre de 2007

Expresiones lejanas, suspiros eternos.
La mirada deviene luna callada.
Cascadas de fuego llerguen mis labios.
La agonía se calla en mi garganta... los ojos comienzan a cegarse.
La lluvia se apodera de mis emociones.
Agua fría neuronal que apaga las lluvias de fuego en mi pubis...
Pubis sangriento, pubis de licor que embriaga el cuerpo entero...
Detienes mis manos, ahogas mis gritos, paralizas mis piernas.
Tu sonrisa tiene la musicalidad del pecado
y yo
sustancia de pecados
esencia de concupiscencias
permanezco atada por cadenas de ternura
por miradas de sosiego
por lenguas de cariño.

miércoles 29 de agosto de 2007

pretextando

A veces busco entre lo más mínimo para sentir algún contacto contigo. Algo que me haga pensar que seguimos juntos.
A veces me basto de un sueño... (la mayoria de la veces... debo confesarlo)
Otras tantas, te cuento. Sí, así: te cuento a cada momento y a cada persona; creo que hasta te invento y me gustás más y entonces te siento conmigo, y te siento a mi lado junto a una banqueta; junto a una butaca de cine, junto a la cama.
A veces pierdo el miedo y te acecho, juegas conmigo: te escondes, me hueles, huyes...

lunes 27 de agosto de 2007

tsss

Cuánto tiempo más podremos vivir parados sobre las inconsistencias de nuestros deseos?
Entre ilusiones que mueren demasiado a prisa
y cadáveres que no aguantan bajo tierra nos jugamos el amor...
Y sin embargo
llevo tu sabor en mi garganta
tu ternura en mi vulva
tu locura en mis senos
tu intensidad en mi vagina
tus incertidumbres en mis ojos
y tu dolor en mis labios
Atraviesas mis pupilas
posándote en el espacio de lo inefable...
mh! sólo nos entendemos amándonos

martes 21 de agosto de 2007

TERESA


Tendida sobre un colchón incómodo y sucio, con el cuerpo desnudo temblando de frío y los ojos molestos por la luz que entra de una pequeña ventana, sólo acanza a percibir humo desparramado sobre su cabeza, el lugar en el que se encuentra no resulta familiar, no alcanza a recordar lo que ha sucedido, poco a poco abre los ojos, a lo lejos se escucha música de los bunkers, que le recuerda a Teresa el motivo de su estancia en ese cuarto desde cuya pared frontal la observan los ojos de Depp. El disco se ha repetido alrrededor de 40 veces desde que se encuentra ahí. Intenta incorporarse '...mira lo que vino a ser mi vida, una calle sucia y sin salida...' las piernas le tiemblan lo suficiente para hacerla desistir de su absurdo intento, finalmente, lo que busca es la necesidad de no volverse a levantar... un líquido fétido le calienta la entrepierna, esa sensación de calor acariciándo su clítoris y sus muslos entre tanto frío viene a ser casi orgásmico, la risa se apodera de su existencia absurda... El sonido electrónico de su celular viene a moverla de su trance -hola?... por lo que alcanzo a distinguir estoy en mi cuarto... no, estoy sola... francamente no tengo ganas de verte... ... está bien, te llamo cuando esté lista- Era Pedro, fiel a les partouzes, le gustaba penetrar a una mujer previamente eyaculada, contrario a les partouzes lo hacía a solas con su compañera, y casi nunca conocía al propietario del semen que le recibía en la caverna de su compañera, eternamente Teresa en estos casos.-
Héctor?... sabes? acabo de mearme, y cómo se cuánto te late el olor de mis miados, me gustaría compartirlo contigo ¿puedes venir?... ok, hazme un favor, tráeme algo de comer, no lo he hecho en 2 días... francamente no tengo ganas de pararme a recibir a un repartidor, ¿me puedes hacer ese favor?... sabes dónde está la llave, te espero en mi cuarto- Teresa tenía múltiples amantes con una sola consigna, 'te vienes y te vas' quien no lo aceptara simplemente no valía la pena para ella dado que odiaba las charlas y las caricias post-cogida. Previamente, soportaba lo que fuera, pero no aguantaba más de 3 minutos con un hombre con el que acabara de coger.
La puerta se abrió de repente y un olor a pizza inundó la habitación, que previamente olía tan sólo a humo y a miados fermentados -No mames cabrón, me dijiste que acababas de orinar -desde luego, pero eso fue cuando te llamé, tardaste mucho - tu pinche comida no se hace en un par de minutos -no te preocupes, todavía está húmedo, ven y prueba, pero antes pásame la pizza y la cerveza, para poder mear más. Ella dejaba su vello lo suficientemente largo para mantener la húmedad de sus amantes, cuando éstos se iban, le gustaba acariciarse el vello y probar el sabor de su saliva, de sus miados, de sus lagrimas, de su sudor, de su semen, que en combinación con sus fluidos, le proporcionaban un manjar exquisitamente soez. Héctor se acercó casi con ternura y la besó en la frente, era un hombre apacible, jamás demasiado apresurado, le puso una rebanada en su mano y la dirigió hacia su boca, después del primer bocado, él le dió un trago a la cerveza y le dió de beber con su boca, sabía que su mano no tendría la fuerza ni la coordinación necesaria para sostener la botella; uno, dos, cinco tragos más, un par de bocados más, y consideró que ya podía comer por sí misma. Comenzó a respirar profundo, a aspirar ese aroma que le enloquecía, besó los senos pequeños de Teresa y comenzó a mamarlos un poco mientras ella seguía ocupada comiendo y bebiendo para sentir el mínimo de excitación. La lengua audaz pasó fúricamente hasta la entrepierna más deliciosa que jamás hubiese probado, alternando entre mamar y olfatear se le iba la vida a un hombre dulcemente enamorado de la mujer más vil que hubiese conocido; ella lo orinó y el bebió frenéticamente ese líquido maldito.
-Méteme la verga- ordenó ella. Los momentos en que la vida cobraba algún sentido para ésta mujer eran devorando vergas, generalmente le daba igual si las tragaba con la boca ó con la vagina ó con el ano, sin embargo en ese momento era necesario que fuera por su caverna, por que Pedro llegaría ¡Pedro! se había olvidado por completo de él, así que mientras Héctor se movía delirantemente en su interior, Teresa escribía un SMS: en 20 minutos puedes llegar. -Dime que me amas -y si no te amo ¿por qué tengo que decírtelo? -por favor -está bien, amo tu verga -y a mí? -a ti no -no seas cabrón Teresa, sólo déjame escucharlo una vez -lo siento wey, pero no miento... El único pedo con Héctor era que siempre se ponía cursi, sin embargo tenía la verga más gruesa y enérgica, podía tomar un ritmo rudísimo que generalmente la dejaba adolorida por 2 días, y pegar tan fuerte contra su pubis que sentía deshacerse, lo más chingón, era que duraba y duraba, no como los otros pendejos que apenas le aceleran un poco, que apenas le dan fuerte y eyaculan. Sin embargo toda la energía de este cabrón no era suficiente para lidiar con la habilidad de Teresa para lograr que un hombre rozara la muerte. Si alguien la aburría demasiado, o si Pedro estaba a punto de llegar (lo cuál era el caso) simplemente contraía implacable su vagina y comenzaba a sentir la contracción de la verga agonizante... Quería abrazarla, decirle que la amaba, que no le importaba que llevara una existencia de mierda... a cambio se vistió y se fue mientras veía a Teresa devorando otra rebanada.
Pedro llegó a los 3 minutos de que Héctor abandonó ese asqueroso departamento -Me caga verte, así que haz lo tuyo y lárgate -A mi no me vas a habalr como le hablas a tu bola de pendejos desgraciada, si no lo sabes, soy la única persona que te acepta como eres, que puede soportar estar entre la inmundicia de tus emociones, si estoy contigo es porque tú me quieres aquí, por que no encuentras a alguien que te coja tan rico como yo... Teresa lo mira fijamente a los ojos mientras prende un cigarro, a ratos nos es posible sportar su sepulcral mirada, su cuerpo tranquilo "Ya va empezar este wey de filántropo, si supieras pendejo que no le llegas ni a la planta del pie a la única persona que amo, si supieras que no coges la mitad de rico de lo que él lo hacía, que jamás serás capaz de sentir lo que es hacer el amor, y mientras estarás jodido, tan jodido como yo, no eres más que yo, eres la misma mierda carente de amor, por eso estamos juntos, para recordarnos lo repugnantes que somos"
A pesar de eso, Teresa tenía un peculiar apego por este hombre despreciable, verlos coger era un verdadero espectáculo, era el claro ejemplo del contraste, sobre todo por la diferencia anatómica. Ella sentía una satisfacción inaudita cuando la aplastaba con su enorme cuerpo, se sentía asfixiada. Por la diferencia de tamaños, su rostro generalmente quedaba debajo de aquél pecho empapado, a ratos bajo su axila, y esta situación la hacía sentir invariablemente despreciable, puesto que el olor a su sudor le provocaba nauseas, así que mientras él la penetraba, ella arqueaba y ese singular movimiento, le imprimía un doble placer a su clítoris, al tiempo que le contraía la vagina mientras la verga se movía a placer. A ratos él levantaba el torso como una lagartija, y el sudor que corría por su rostro y resbalaba por su barbilla, caía en los ojos de Teresa provocándo un llanto simulado.Pedro la penetraba sin más, sin caricias previas, sin mamársela, lo único que le urgía era sentir la leche del cabrón anterior. Invariablemente ella sentía dolor, ardor. La cogía en el momento justo en que el semen (en este caso de Héctor) comenzaba a secarse en su entrada, era fricción, era forzado, era casi como sentirse violada. Un extra a esa sensación de ultraje era que a Pedro se le paraba la verga de manera peculiar. Generalmente no parecía lo suficientemente erecta, por lo cuál le costaba más trabajo entrar, por lo cuál, el camino ya de por sí imposibilitado y pegajoso, se volvía doblemente tortuoso por esta verga entre flácida y erecta. La de Teresa, era fruición sufriente.

jueves 16 de agosto de 2007

Te adoro!

Te apareces sin más a la orilla de mi cama, ignoro cuánto tiempo lleves allí mirándome, lo que sé es que el peso de tu mirada me ha despertado. No hay la ternura con la que acostumbras mirarme, de hecho alcanzo a adivinar un sesgo de odio
-¿todo bien amor?- No dejas de mirarme, no dices nada...
-¿llevas mucho aquí, por qué no me avisaste que vendrías?-
No alcanzo a entender qué haces aquí, ni porqué me miras de esa manera, ni porqué te quedas callado. Me acerco a ti, miro tus ojos con la mayor ternura que puedo, he de confesar que me das miedo y no quiero cometer un error que te haga estallar, ¿cómo es preferible actuar? Me acerco y te doy un beso en los labios y acaricio tu pecho, no dices nada, ni siquiera te mueves
-¿qué pasa? si has venido a decirme algo ¡hazlo! si tienes ganas de hacerme el amor entonces corresponde a mis caricias, no entiendo qué es lo que quieres, sabes que mañana salgo temprano a trabajar y no puedo ir desvelada, o por lo menos no desvelada y encabronada, ya que si me haces el amor, jajaja!-
Olvido la ternura y me pongo coqueta, sé que eso te gusta más, pero no reaccionas. Empiezo a desesperarme, así que decido ser contundente y voy directo a desabrochar tu pantalón, ¡eso es! ya tienes la verga bien parada jajaja! ¿así que a eso venías? ¿y porqué actúas así imbécil? ¡ya sé! quieres jugar ¿ahora de qué se trata?
-¿quieres jugar amor?-
Cómo me gusta tu verrrga CABRÓN, empiezo a besarte suavemente como sé que te gusta.
¡Eso es!
Seguro hoy me haces el amor como a una diosa, me encanta como gimes, volteo a verte mientras te la mamo, sé que no hay mejor regalo para ti que mi mirada de lujuria mientras me tienes ahí... Te adoro, te adoro, te amo, ¡me encantan estas sorpresas! y pensar qué me asustaste hijo de la chingada, jajajaja! pero sí me amas, sé que me amas.
Me sorprendes de repente con tu semen y lo bebo deliciosamente. Mh! ¿o sea qué pretendes dejarme así? ¿o me vas a hacer venir a mamadas también? cierro los ojos para terminar de saborearte, empiezo a sentir como tu pene se va relajándo, escucho tus gemidos ¿qué tanto placer te provoca cuando ya te has venido que siga lamiéndote? ¡te adoro! ¡te adoro!
-voy a extrañar tus mamadas-
¿qué? ¿cómo qué a extrañar? abro los ojos de repente
-¡NOOO! QUÉ PRET...

Vacío

A veces el vacío te conduce a amar otro vacio pleno de fantasías... será?

lunes 13 de agosto de 2007

ÉCHENLE SAL!

Ésta rolita, la escuché por primera vez como a los 14 años, en una noche de peda me puso mi papá un disco de Liliana Felipe... Échenle Sal, me dijo, esa es tu canción m'ija...

Brujas, rameras, esfinges y quimeras,
traidoras, ratas negras, callejeras,
que emponzoñan… las buenas maneras!!!!

También pueden decirme pinche culera,
histérica, jodida, retorcida,
que fabrica… puras mentiras!!!

Güila, lechona, cerda, cabrona,
tortilla, vieja puta, desgraciada,
vete mucho… a la chingada!!!

Callen, culebras, callen…
no soy como imaginan callen…
soy peor de lo que opinan... hablen!!!

Y me da igual, si soy banal, si tal por cual,
como animal, hice algo mal total, total, total,
así soy yo… Profesional!!!

Muerdo por hambre, lamo por vicio
y duermo a ver si sueño que me caigo al precipicio,
por ejercicio!!!

Pior que el infierno, pior que el gobierno
yo soy la pior de todas, la ternura se me atora…

en la impresora!!!

Por pecadora, violenta y vengadora,
no tengo ni un amigo y tampoco tengo ombligo,
soy mi ene… soy mi ene… soy mi ene…

soy mi enemigo!!!

Callen, culebras, callen… no soy como imaginan
callen… soy peor de lo que opinan hablen, RATAS!!!

Y me da igual el coito anal, ser virginal, ser anormal,
échenle sal al animal total, total, total!!!
Así soy yo… CONVENCIONAL!!!

Estuve a punto de mentarle la madre (tan ingenua yo) y poco antes de hacerlo... me dió un enorme beso en la frente con una dulce sonrisa y una mirada tan bella que en ese momento pensé que quizá tendría algo que aprender de la rola...
TE AMO HARTO PAPÁ



Gracias a la BRUX y su sapiencia cibernética puedo poner un videíto pa que escuchen la rola, es de un espectáculo de cabareteras, si la quieren de viva voz de la güila mayor: píquenle aquí
http://www.youtube.com/watch?v=aoFV-raaVhk

Por mientras escúchenlo acá, (pero vale más la pena en la voz de Liliana)







sábado 11 de agosto de 2007

De papel

Estaba sentada en el baño hojeando una revista, hacía tanto tiempo que había dejado de hacerlo, se había prometido ser normal... El problema sin duda no era el contenido estúpido de la revista que es hojeado por millones de 'mujeres normales' en el mundo, el problema no era incluso sentirse fea y gorda frente a aquéllas mujeres con cuerpos perfectamente estereotipados, el problema no era hacer la dieta y los ejercicios para reafirmar las nalgas que ésta edición ofrecía, ni siquiera leer de los problemas sexuales de otras lectoras... El problema es que esas muñecas de aparador llamadas modelos le erectaban los pezones a Sofía, que no le interesaban los ejercicios sino el retrato de esas nalgas tan exquisitas a las que acariciaba suavemente a través del papel brillante... se detuvo ahí, en esa página sugerente con la modelo a gatas, la acarició y por un momento juraba que la tenía frente a sí... tocó su vagina dúlcemente húmeda a la par que cerraba los ojos, se acarició un momento con la suavidad que se imaginaba tendría la modelo de la página 69, comenzó a lamer su mano derecha imaginando la lengua de esa boca de papel, se lamía más y más, cada vez más intensamente, pasó su brazo húmedo por sus pezones erectos y, en ese instante, abrió los ojos y miró su rostro extasiado en el espejo, sobre su pecho se dibujaban las venas inflamadas de placer. El espejo le regresó una expresión mezcla de lujuria y culpa, su mirada húmeda de un llanto sutil le recordó su promesa de abandonar las revistas...
Jamás se había permitido buscar a una chica real y desbordarla de placer con sus fantasías acumuladas, pero había llegado a sentirse una imbécil al enamorarse de modelos de revista. Se acercó al espejo y secó sus lagrimas, tomó aire profundamente y se dirigió a la puerta del baño, a cada paso la húmedad entre sus piernas le regalaba una tierna caricia y su mente sólo pensaba en redimirse. Se dirigió a gatas hacia la cama, se imaginaba siendo esa bella modelo que seguramente haría el amor con hombres; se metió por debajo de las sábanas, recorrió suavemente unas piernas velludas hasta llegar al pene de su compañero plácidamente dormido. Empezó a besarlo imaginando ese rostro de papel... el pene se hinchaba mientras Roberto empezaba a gemir y sus manos la tomaron por sus cabellos. Sofía lo montó sintiéndose asquerosa mientras le decía te amo.

jueves 9 de agosto de 2007

INTROITO

Despiertas en la noche mirando a la nada, el sudor moja tu frente porque mi mirada se ha apoderado de tus sueños